La cultura, según Guillermo Busutil. Presentación en Madrid

Publicado por el sep 20, 2019 | Sin comentarios


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De izquierda a derecha, Javier Fórcola, Guillermo Busutil y Eloy Tizón, en la librería Antonio Machado de Círculo de Bellas Artes

Presentación de La cultura, querido Robinson, de Guillermo Busutil. Presentan Eloy Tizón y Javier Fórcola. Librería Antonio Machado del Círculo de Bellas Artes, Madrid. 20 de septiembre de 2019

Retengan dos fechas:

1719. Hace 200 años Daniel Defoe publicaba Robinson Crusoe, considerada la novela inglesa más popular de todos los tiempos. A finales del siglo XIX ningún otro libro en la historia de la literatura occidental tenía más ediciones, traducciones e imitaciones.

1984. Hace 35 años que Antonio Muñoz Molina publicaba El Robinson urbano, recopilación de textos aparecidos en el diario Ideal. Ahora, AMM, «maestro de robinsones» (como apunta Ernesto Pérez Zúñiga hoy en ZENDA), prologa el libro de Guillermo Busutil.

De Robinson Crusoe, Busutil hereda el optimismo, o el realismo inteligente que afronta el reto de no dejarse arrastrar por el pesimismo, la derrota, los envistes incesantes de la fatalidad o del premeditado y sistemático acoso y derribo de la cultura.

De Defoe, también, hereda esa idea de la isla: la cultura es, para muchos de nosotros, robinsones náufragos de tantas pérdidas, una verdadera tabla de salvación, esa isla del tesoro que nos da refugio y nos permite sobrevivir al temporal, la única en la que la imaginación y el conocimiento echan raíces.

Con Antonio Muñoz Molina, como esa larga escuela de «escritores en periódico», que diría el maestro César González Ruano, muchos de ellos extraterritoriales o «de provincias», Busutil comparte ese gusto por la flânerie, por el callejeo y vagabundeo por la ciudad, de la que sólo somos cicatrices y ecos, y en la que, pese al ruido y la saturación mediática, con disciplina, podemos estar atentos a lo que dicen palabras, lo que dicen las imágenes, lo que nos proponen la literatura, el cine, el arte o la música.

Aristóteles nos enseñó que todo conocimiento comienza con el asombro. Busutil nos enseña, a su vez, que el camino a la isla de la cultura comienza por otro ejercicio de introspección: el silencio.

A partir de ahí, este libro se constituye como un libro de saberes y sabiduría. Nos invita a saber escuchar, saber mirar, saber leer.

Ernesto Pérez Zúñiga califica este libro como «un libro de vida», no sólo porque tiene un mucho de libro autobiográfico, de radiografía personal de quien lo escribe, a modo de autorretrato con tintes impresionistas. Libro de vida, también, porque explora la vida a través de la literatura, del cine, de la música, del arte (pintura o fotografía), del teatro… En ese sentido, es un verdadero canto a la vida, mi vida, la de cada uno, en tanto que la cultura la dota de un sentido trascendente.

En efecto, dice Busutil: «La cultura es un antídoto contra el narcisismo, contra el aislamiento, contra la exclusión del otro». Gracias a la cultura, salimos de la cueva, del solipsismo, al encuentro del otro, de los otros.

La cultura y el jardín: puesto que en latín significa cultivar. Pero más allá del Cándido de Voltaire y su solitario huerto-jardín que cada uno cultiva, y que tan bien conoce Eloy Tizón, que frecuenta la velocidad de los jardínes. La idea de cultura que Busutil destila en cada una de sus páginas no es un somnífero autocomplaciente, no es un producto del más refinado espíritu burgués que tiende a la posesión onanista de cada uno de esos tesoros, sino que en el compartir logra su verdadera virtud.

El arte de la escritura de Busutil nos invita a esa isla robinsoniana de la cultura, sí, para huir del ruido, para superar la barbarie, para vencer la estupidez. Pero no para estar solos, y menos solos con un tal Viernes.

En ese sentido, la cultura HACE política, aunque como bien nos recuerda, NO es caballo electoral. A nuestros políticos, hijos de la sociedad mediática y de la hiperbarroca pantalla del Instragram, no les interesa la cultura; o al menos la mayoría de ellos. ¿Por qué?

La respuesta está en Hesíodo: «la cultura ayuda a las personas a aprender a ser lo que son capaces de ser», obviamente, algo que a los políticos populistas y peronistas (como diría el sabio Blas Matamoro) no les interesa en absoluto. La cultura, si sirve para algo, es para procurarnos una conciencia crítica. Y en ese sentido, para construir una sociedad mejor, ese es su legado moral, el único que debe tener una verdadera idea del progreso. No hay progreso sin cultura.

En su epílogo, a modo de manifiesto (aunque todo el tomazo es un verdadero manifiesto, tan contundente como el Manifiesto comunista, ese librito tan citado y tan poco leído), Busutil lanza estas perlas:

-«una sociedad sin cultura deja de enfrentarse a sus dudas, de hacer preguntas, de cuestionar los dogmas».

-«la cultura no es un negocio (y que nos lo digan a los editores independientes, a los editores culturales), sino una empresa ética para saber y crear progreso». Quizá, como apunta Marc Fumarolli, ya que los museos del siglo xxi valoran el éxito de sus macro-exposiciones por el número de visitantes, en connivencia con los tour-operadores, deberían empezar a ser gestionados por el Ministerio de Turismo, y no por el Ministerio de Cultura.

-«la cultura es La brújula en los sueños [y las pesadillas], en la niebla y en los espejismos de la realidad».

La clave de la cultura, pues, es que supone la última trinchera antes de la barbarie de la multipantalla. Para no volver a la caverna de Platón. Esa idea de resistencia la subraya sobremanera Busutil diciendo: «la cultura no se derrota. Se acalla, se cierra o se quema; pero siempre renace de la memoria, de la palabra».

Este es un libro, por tanto:

-de placeres compartidos y compartibles.

-un libro feliz, que invita al gozo de vivir.

-un libro culto, por curioso y siempre dispuesto a aprender, por lo tanto, ni pedante ni snob.

-un libro inquieto, propio de un inconformista, que quiere ver, mirar, leer y escuchar por sí mismo.

-un libro esperanzado, fruto no de un optimista iluminado o iluso, sino escrito (artículo a artículo, entrevista a entrevista) por un hombre ilusionado (como diría Julián marías de la importancia d ela ilusión en nuestras vidas), que cree que el futuro, un futuro mejor, es posible.

-un libro de combate y de resistencia, contra la estupidez, contra la cortedad de miras, contra la avaricia de nuestros políticos.

-un libro escrito por un anti-voyeur, puesto que contempla, reflexivamente, para compartir, y así, radicalmente opuesto al mundo pantalla, pajillero y onanista del consumo feroz, a golpe de tecla, like, click, me gusta.

-en fin, un libro de un hombre amante de la belleza, de la BELLEZA con mayúscula, que encuentra en muchos lugares y cosas, bien en un libro de cuentos del propio Eloy Tizón, bien en el Baile en el Moulin de la Galette de Pierre-Auguste Renoir, bien en una fotografía neoyorquina de Vivian Maier, en el último movimiento de la Novena Sinfonía de Beethoven, o en esa escena de la película de Carol Reed (con guion de Graham Green y de Orson Welles), ya saben, esa en la que uno de los personajes, al bajar de la noria del Prater, dice aquello:

«Recuerda lo que dijo no sé quién: en Italia, en treinta años de dominación de los Borgia, hubo guerras matanzas, asesinatos… Pero también Miguel Ángel, Leonardo y el Renacimiento. En Suiza, por el contrario, tuvieron quinientos años de amor, democracia y paz. ¿Y cuál fue el resultado? ¡El reloj de cuco!».

 

 

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