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	<title>Fórcola Ediciones</title>
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		<title>Marcando la vida</title>
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		<pubDate>Mon, 26 Jul 2010 08:27:03 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Fco Javier Jimenez</dc:creator>
				<category><![CDATA[ Blog]]></category>

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		<description><![CDATA[Una breve investigación en mi biblioteca me ha proporcionado materia para mi entrada de esta semana de la bitácora de Fórcola. Estos días, al preparar como todos los años la maleta para iniciar las vacaciones estivales, lo primero que cuido con esmero es la selección de libros que me dispongo a leer, sin horarios, sin [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p class="dropcap" style="text-align: left;"><span class="dropcap"> </span></p>
<p class="dropcap" style="text-align: left;"><a href="http://forcolaediciones.com/wordpress/wp-content/uploads/2010/07/pasajes1.jpg"><img class="aligncenter size-medium wp-image-355" title="Librería Pasajes" src="http://forcolaediciones.com/wordpress/wp-content/uploads/2010/07/pasajes1-300x225.jpg" alt="" width="300" height="225" /></a></p>
<p class="dropcap" style="text-align: left;"><span class="dropcap">U</span>na breve investigación en mi biblioteca me ha proporcionado materia para mi entrada de esta semana de la bitácora de Fórcola. Estos días, al preparar como todos los años la maleta para iniciar las vacaciones estivales, lo primero que cuido con esmero es la selección de libros que me dispongo a leer, sin horarios, sin prisas, sin límites, durante los próximos días. Muchos de ellos quedarán sin abrir, porque, todos los años lo confirmo, mis deseos de lectura superan con creces el tiempo real disponible para la lectura en vacaciones. Y ya no es que uno lleve libros en exceso, sino que las lecturas previstas son muchas veces sustituidas por otras imprevistas, o el tiempo destinado a uno de ellos se dilata, intenso y pausado, en una lectura lánguida y siesteril, en este largo y cálido verano que tanto anhelo. Junto a los libros, y no detalle sin importancia, hay que elegir bien los marcapáginas que guiarán nuestras lecturas.</p>
<p>El marcapáginas acompaña mis lecturas desde que hace años descubrí con horror las tremendas maldiciones y excomuniones que los bibliófilos destinan a todos aquellos que para señalar la página en donde abandonan momentáneamente la lectura doblan la esquina superior externa de la misma. Llevo años acumulando marcapáginas en cajones, estanterías, sobres, carpetas, cajas, y, la mayoría de las veces, descubriéndolos olvidados en libros de lecturas pasadas y también olvidadas, marcando aún, a pesar del tiempo, páginas que en su momento me llamaron la atención, o simplemente recordándome con horror que abandoné la lectura de aquel libro en una página determinada. A veces, con cierta culpabilidad (más tarde con regocijo) retomo aquella lectura que ya no soy capaz de concluir hasta no dejar rastro de aquél abandono.<span id="more-349"></span></p>
<p>Pues bien, tomando notas a vuela pluma, para abordar esta a modo de improvisada fenomenología del marcapáginas, cuál no será mi sorpresa cuando, tomando el volumen «h/z» del <em><strong><a title="RAE" href="http://www.rae.es/rae.html" target="_blank">Diccionario de la Lengua Española</a></strong></em>, descubro que entre las entradas «marcaje» y «marcapaso» no viene recogida la correspondiente a «marcapáginas». Semejante laguna me ha llenado de cierta ansiedad. ¿Cómo es posible que la RAE haya cometido un olvido de estas características? El marcapáginas no deja de ser, en primera lectura, un consumible al que el sector editorial le dedica atención, recursos, imaginación, al que dedica guiños de diseño y mañas de promoción y marketing. Rastreo en mi biblioteca y encuentro, en su sitio, el <em><strong><a title="Léxico editorial" href="http://www.laie.es/libro/lexico-editorial/202013/978-84-95303-33-2" target="_blank">Léxico editorial: Para uso de quienes todavía creen en la edición cultural</a></strong></em>, del maestro Mario Muchnik, y busco la palabra de marras; nada, «máquina de leer» (p. 109) y «márgenes» (p. 114); de «marcapáginas», nada.</p>
<p><a href="http://forcolaediciones.com/wordpress/wp-content/uploads/2010/07/acantilado.jpg"><img class="aligncenter size-medium wp-image-351" title="Editorial Acantilado" src="http://forcolaediciones.com/wordpress/wp-content/uploads/2010/07/acantilado-300x225.jpg" alt="" width="300" height="225" /></a></p>
<p>El recurso de todo fenomenólogo, ante este vacío de documentación, es recurrir «a las cosas mismas», en este caso, al propio marcapáginas. Su función es bastante simple y obvia, como hemos dicho, recordarnos, a golpe de vista, dónde hemos abandonado (vencidos por el sueño, interrumpidos por la llegada de un familiar o amigo, o al cumplirse el fin de nuestro viaje –me gusta leer en tren, menos en avión–) nuestra lectura. Ahora bien, la sencillez de la función no debe hacernos perder de vista la perfección de su diseño: el marcapáginas cumple su función de una manera impecable, de tal forma que es complemento ideal para un invento perfecto. Decía hace poco Umberto Eco que «el libro es como la cuchara, el martillo, la rueda, las tijeras. Una vez que se han inventado, no se puede hacer nada mejor». Lo mismo podemos afirmar del marcapáginas.</p>
<p>Tal es así la importancia de su función que los fabricantes de tecnología de consumo, a la hora de diseñar los lectores de libros electrónicos, no han olvidado dotar de esta utilidad a sus artefactos. Sus promotores no dudan de mostrar, con una sonrisa triunfal, a los amantes de la lectura, las ventajas de un cacharro que incorpora, apretando una simple tecla, la opción de marcapáginas entre sus revolucionarias prestaciones. Olvidan estos vendedores de crecepelos que el libro es más que su contenido, al igual que el marcapáginas es más que su función.</p>
<p><a href="http://forcolaediciones.com/wordpress/wp-content/uploads/2010/07/fórcola.jpg"><img class="aligncenter size-medium wp-image-352" title="Marcapáginas de Fórcola" src="http://forcolaediciones.com/wordpress/wp-content/uploads/2010/07/fórcola-225x300.jpg" alt="" width="225" height="300" /></a></p>
<p>Digamos que, en una primera aproximación, el marcapáginas no es tan sólo un pedazo de cartón, de dimensiones más o menos estándares, o con un mayor o menos gramaje (lo que afectará directamente a su mayor o menor rigidez, algo a tener en cuenta a la hora de elegirlo como acompañante de nuestras lecturas). El marcapáginas es objeto de un estudiado diseño, que responde a varias posibles motivaciones: puramente estéticas, informativas  o premeditadamente publicitarias, promocionales o comerciales. El diseño trasciende así la mera funcionalidad y dota al marcapáginas, incluso al más zafio, de cierta dimensión estética, lo que lo eleva a un rango superior. Vestido de colores y formas, impreso a cuatro tintas o en cuatricromía, depositario de la historia del arte o de la fotografía, espejo de cubiertas o retratos de autor, el marcapáginas se convierte así en objeto amable para coleccionistas, los mismos que atesoran vitolas, sellos, monedas, cajas de cerillas o cromos. De tal forma que, insertos en el mundo del coleccionismo, los marcapáginas cobran vida propia al margen de los libros.</p>
<p>Finalmente, en un plano más profundo, podemos constatar que dotamos al marcapáginas de toda una dimensión emocional, de tal forma que aquél que ha sido objeto de elección para nuestra última lectura, nos puede recordar algún encuentro o acontecimiento de nuestra vida, o ser un regalo de alguien cercano. Los marcapáginas, sí, se regalan, pero también se prestan, se intercambian (no sólo por afán coleccionista), y desde luego, se venden: los museos y librerías dan cuenta de un negocio paralelo al mundo del libro (en papel). Esta dimensión emocional del marcapáginas, que dota de intensidad el acontecimiento temporal de nuestra lectura (su interrupción y su posterior continuación), curiosamente nos lleva a utilizar como «marcapáginas» adminículos que no son tales, o que no se han diseñado como tales: billetes de metro, servilletas de papel, recortes de prensa, entrada de cine o de museo, y hasta postales (yo las utilizo mucho en mis lecturas: algunas me vienen acompañando durante años, otras están asociadas a personas concretas).</p>
<p><a href="http://forcolaediciones.com/wordpress/wp-content/uploads/2010/07/libros.jpg"><img class="aligncenter size-medium wp-image-353" title="Marcapáginas" src="http://forcolaediciones.com/wordpress/wp-content/uploads/2010/07/libros-300x225.jpg" alt="" width="300" height="225" /></a></p>
<p>Así, algo tan personal e intransferible como es la lectura de un libro (en papel), si nos fijamos bien, no es sólo un episodio biológico de nuestras vidas, en tanto ejercicio gimnástico y funcional, sino un acontecimiento biográfico, vital, existencial, que puede llegar a transformar nuestras vidas, y que puede venir estéticamente adornado por esos objetos, los marcapáginas, algunos de ellos dotados de verdadera intensidad emocional. De tal forma que, más que la página, nos marcan la vida.</p>
<p>Felices vacaciones, felices lecturas.</p>
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		<title>Complicidades bibliofrénicas</title>
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		<pubDate>Tue, 20 Jul 2010 11:24:56 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Fco Javier Jimenez</dc:creator>
				<category><![CDATA[ Blog]]></category>

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		<description><![CDATA[«La biblioteca de un caballero debe consistir, ni uno más ni uno menos, en tres mil ejemplares debidamente elegidos y cuidados.» Samuel Pepys Toda presentación de un libro tiene un marcado carácter festivo, de encuentro gozoso del autor con sus lectores y del editor con sus amigos y seguidores. Unos y otros, en el caso [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p class="dropcap" style="text-align: center;"><a href="http://forcolaediciones.com/wordpress/wp-content/uploads/2010/07/descarga-14.jpg"><img class="aligncenter size-full wp-image-343" title="descarga (14)" src="http://forcolaediciones.com/wordpress/wp-content/uploads/2010/07/descarga-14.jpg" alt="Joaquín Rodríguez, Jesús Marchamalo, Javier Jiménez, Fórcola" width="221" height="166" /></a></p>
<p class="dropcap"><span class="dropcap">«L</span>a biblioteca de un caballero debe consistir, ni uno más ni uno menos, en tres mil ejemplares debidamente elegidos y cuidados.»<br />
Samuel Pepys</p>
<p>Toda presentación de un libro tiene un marcado carácter festivo, de encuentro gozoso del autor con sus lectores y del editor con sus amigos y seguidores. Unos y otros, en el caso de Fórcola, y gracias a las redes sociales, se han convertido en verdaderos cómplices. Y si el libro presentado es la segunda edición de <em>Tocar los libros</em>, de <strong><a title="Jesús Marchamalo" href="http://www.jesusmarchamalo.com/" target="_blank">Jesús Marchamalo</a></strong>, sobre el que en las últimas semanas se han volcado decenas de sugerentes y entusiastas comentarios de lectores, amigos y libreros, tanto en blogs y bitácoras como en Twitter o en Facebook, la presentación se convierte en una verdadera celebración.</p>
<p>Gracias al buen hacer de Margarita Sañudo y a la amable invitación de <strong><a title="Ramón Pernas" href="http://es.wikipedia.org/wiki/Ram%C3%B3n_Pernas" target="_blank">Ramón Pernas</a></strong> y su equipo, tuvimos ocasión de celebrar este encuentro en la sede de <strong><a title="Ámbito Cultural" href="http://es.wikipedia.org/wiki/Ram%C3%B3n_Pernas" target="_blank">Ámbito Cultural</a></strong> en Madrid, en El Corte Inglés de Serrano 52, en una 7ª planta con unas privilegiadas vistas de Madrid al atardecer. El acto fue recogido gráficamente por el fotógrafo y amigo Antonino Nieto, al que agradezco las fotografías que ilustran esta entrada. La altura no alivió en cambio el mal que nos aquejaba a los participantes en la mesa, y que tan oportunamente diagnosticó nuestro presentador de honor, <strong><a title="Los futuros del libro" href="http://www.madrimasd.org/blogs/futurosdellibro" target="_blank">Joaquín Rodríguez</a></strong>: sin lugar a dudas, tanto Marchamalo como su editor estamos muy mal y sufrimos una bibliofrenia severa.<span id="more-342"></span></p>
<p>El diagnóstico clínico del doctor Rodríguez no puede ser más acertado, sobre todo en el entorno de la presentación de un libro, <em>Tocar los libros</em>, que tras su trayectoria de seis años y tres editoriales (como se explica en la «Apología» que abre el libro), y ahora con ésta su segunda edición en Fórcola, se ha convertido en «un precedente de una celebración del ocaso de los libros en papel».</p>
<p><a href="http://forcolaediciones.com/wordpress/wp-content/uploads/2010/07/descarga-16.jpg"><img class="aligncenter size-full wp-image-344" title="descarga (16)" src="http://forcolaediciones.com/wordpress/wp-content/uploads/2010/07/descarga-16.jpg" alt="Joaquín Rodríguez" width="221" height="166" /></a></p>
<p>Rodríguez habla desde el conocimiento del que ama a los libros y está acostumbrado a otear sus futuros. No es para menos, de lo segundo, la labor de farero mayor que Rodríguez realiza en su blog <strong><em>Los futuros del libro</em></strong>. De lo primero ha dado recientes muestras con la publicación de un delicado tratado sobre la bibliomanía, que se va a convertir sin lugar a duda en un objeto de culto para bibliómanos, bibliófilos, bibliópatas y bibliófagos.</p>
<p><strong><em><a title="Bibliofrenia" href="http://www.melusina.com/libro.php?idg=37686" target="_blank">Bibliofrenia</a></em></strong>, publicado por José Pons Bertran, editor de Melusina y «bibliofrénico perdido» según su autor, explica muy bien en su subtítulo el objeto de estudio de este pequeño tratado de sabiduría libresca: «la pasión irrefrenable por los libros». Así, este librito, de culto y para coleccionistas, curiosos, desocupados y amantes de los pequeños placeres de la vida, consta de veinticinco retratos de otros tantos personajes históricos que tienen en común esa «pasión irrefrenable por los libros», bautizada por el autor como «bibliofrenia». Lo deja bien claro desde el principio el propio Rodríguez en su Introducción: «En todo bibliómano prende un ansia desmedida de conocimiento, que no es otra cosa que un amor inconmensurable por la vida, por exprimir sus secretos y sus jugos, por saborear sus innumerables matices y comprender sus indestructibles secretos».</p>
<p>Este amor desmedido por los libros ha llevado a Rodríguez a rescatar y ampliar las micro investigaciones con que, en la mejor tradición del microrretrato del más puro Sebald, nos deleitó durante meses en su blog. El resultado, no obstante, trasciende la anécdota y lo efímero de su bitácora para convertirse en un breviario de culto, un libro fetiche que nos acompañará en nuestros viajes, mudanzas y trasiegos durante años, para recordarnos que «no hay todavía dispositivo que pueda reproducir la experiencia de la lectura profunda que tenemos a solas con un libro de papel entre las manos».</p>
<p>Pues bien, el Jesús Marchamalo que bucea como topo curioso en las bibliotecas personales de escritores y amigos, el topógrafo de las pasiones librescas ajenas, el meticuloso estudioso de los metrajes cúbicos que ocupa su propia biblioteca (quizá en un simpático ripio de ese <em><strong><a title="Viaje alrededor de mi habitación" href="http://www.funambulista.net/2009/viaje-alrededor-de-mi-habitacion/" target="_blank">Viaje alrededor de mi habitación</a></strong></em>, de <strong><a title="Xavier de Maistre" href="http://es.wikipedia.org/wiki/Xavier_de_Maistre" target="_blank">Xavier de Maistre</a></strong>, ejemplarmente editado por J. M . Lacruz Bassols en su editorial Funambulista), demuestra con su <em>Tocar los libros </em>que esta enfermedad, la del amor a los libros, no tiene cura y puede llegar a ser contagiosa.</p>
<p>Algo que caracteriza los libros y la propia personalidad de Marchamalo es su entusiasmo, ciertamente contagioso, con todo lo relacionado con el mundo del libro en papel. De tal forma que uno, cuando pasea con Marchamalo, por algún rincón del barrio de Salamanca o del Retiro, puede en unos minutos verse zambullido en una conversación donde, sin solución de continuidad, disfrutará con los uno y mil matices de una encuadernación en piel hecha a mano, con la primera edición de unos poemas de Machado, Antonio, claro, con las dedicatorias de los libros de Vila-Matas, de Delibes o de Gabo, y de qué habló el propio Jesús con ocasión simpar, de cómo firma Pitol, o a qué huelen los libros recién comprados en la <strong><a title="Librería Gulliver" href="http://www.librosgulliver.com/busqueda.do;jsessionid=36DC38B7F6BC28CA80BBB17FF93011D8" target="_blank">librería Gulliver</a></strong>.</p>
<p>Finalmente, ¿qué nos mueve a seguir alimentando nuestra biblioteca? Sabemos que es producto de nuestros gustos y caprichos, y que posiblemente no tenga heredero posible. Marchamalo nos da una de las claves: el «instinto» no deja de ser sino el motor en la compra de nuevos libros que alimenten nuestra particular biblioteca. «No hay canon, o si quieren, cada canon es personal e intransferible». ¿Es premeditado todo esto? Evidentemente no; al final, uno se da cuenta de que tiene una biblioteca «cuando es demasiado tarde».</p>
<p>La segunda edición de <em>Tocar los libros</em> ya está en la calle, y uno de los episodios que más me han emocionado en todo este fenómeno de marketing viral (en definitiva, de alianzas espontáneas, complicidades amicales y recomendaciones entusiastas) que se ha creado en torno al libro de Marchamalo ha sido la original iniciativa de Librería Verso (@libreriaverso), en Carmona, Sevilla, conocido y activo miembro de la comunidad Twitter, quien propició un concurso consistente en enviar una pequeña frase que contuviese el hashtag  #tocarloslibros. El premio: el sorteo de un ejemplar de <em>Tocar los libros</em>. Una singular iniciativa que mezcla la imaginación, la complicidad y la filosofía 2.0. Enhorabuena al ganador, @_sacabuche_ , Daniel Robles P., de Francia.</p>
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		<title>Arthur Rimbaud</title>
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		<pubDate>Wed, 14 Jul 2010 11:23:15 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Fco Javier Jimenez</dc:creator>
				<category><![CDATA[ Autores]]></category>
		<category><![CDATA[Arthur Rimbaud]]></category>

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		<description><![CDATA[Arthur Rimbaud (Charleville, 1854– Marsella, 1891) fue un estudiante inquieto y burlón, pero superdotado y brillante, comenzó a componer versos a los diez años; a los quince ya había ganado todo tipo de premios de redacción y compuesto originales versos y diálogos en latín. En septiembre de 1871 conoce a Paul Verlaine, con el que inicia [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://forcolaediciones.com/wordpress/wp-content/uploads/2010/07/Rimbaud_Stefano_Bianchetti.jpg"><img class="alignleft size-medium wp-image-326" title="Rimbaud_Stefano_Bianchetti" src="http://forcolaediciones.com/wordpress/wp-content/uploads/2010/07/Rimbaud_Stefano_Bianchetti-225x300.jpg" alt="Rimbaud_Stefano_Bianchetti" width="225" height="300" /></a>Arthur Rimbaud (Charleville, 1854– Marsella, 1891) fue un estudiante inquieto y burlón, pero superdotado y brillante, comenzó a componer versos a los diez años; a los quince ya había ganado todo tipo de premios de redacción y compuesto originales versos y diálogos en latín.</p>
<p>En septiembre de 1871 conoce a <strong><a title="Paul Verlaine" href="http://es.wikipedia.org/wiki/Paul_Verlaine" target="_blank">Paul Verlaine</a></strong>, con el que inicia rápidamente una tormentosa relación sentimental. En julio de 1873, después de una pelea, Verlaine le disparó en la muñeca a Rimbaud. Verlaine fue condenado a dos años de prisión y Rimbaud regresó a Charleville. De los diecisiete a los diecinueve escribió sus dos obras maestras, <strong><em><a title="Las Iluminaciones" href="http://es.wikiquote.org/wiki/Iluminaciones" target="_blank">Iluminaciones</a></em></strong> y <strong><em><a title="Una temporada en el infierno" href="http://es.wikipedia.org/wiki/Una_temporada_en_el_infierno_(poema)" target="_blank">Una temporada en el infierno</a></em></strong>.</p>
<p>Tras explorar los límites de la poesía, con apenas veintiún años, abandonó la escritura para viajar por Europa. En 1876 se enroló como soldado en el ejército holandés para viajar a Java (Indonesia), pero desertó y regresó rápidamente a Francia.</p>
<p>En 1880 se radicó en Adén (Yemen), como empleado de cierta importancia en la Agencia Bardey. Primero mercader en Harar, en la actual Etiopía, hizo más tarde una pequeña fortuna como traficante de armas.</p>
<p>A raíz de un carcinoma en su rodilla derecha tuvo que regresar a Francia el 9 de mayo de 1891, donde días después le amputaron la pierna. Finalmente murió en Marsella, el 10 de noviembre, a la edad de 37 años.</p>
<p>Fórcola ha editado su relato <strong><em><a title="Un corazón bajo una sotana" href="http://forcolaediciones.com/nbspcolecciones/singladuras/un-corazon-bajo-una-sotana-arthur-rimbaud/" target="_blank">Un corazón bajo una sotana</a></em></strong>.</p>
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		<title>Un corazón bajo una sotana- Arthur Rimbaud</title>
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		<pubDate>Wed, 14 Jul 2010 11:14:24 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Fco Javier Jimenez</dc:creator>
				<category><![CDATA[Singladuras]]></category>

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		<description><![CDATA[Un corazón bajo una sotana quedó ubicado entre los textos «juveniles», sin demasiado análisis, hasta 1971, fecha en que empiezan a percibirse distintos estratos y se descubre que bajo la «travesura de chiquillo» hay mucho más, por lo menos hasta tres posibles capas de lectura incrustadas en datos biográficos traspuestos, en relaciones contextuales del lenguaje y en el empleo de referencias de otros autores.
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			<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Edición de Mauro Armiño<a href="http://forcolaediciones.com/wordpress/wp-content/uploads/2010/07/9788493632151_mediana.jpg"><img class="alignright size-medium wp-image-318" title="rimbaud_un_corazon_sotana copy" src="http://forcolaediciones.com/wordpress/wp-content/uploads/2010/07/9788493632151_mediana-198x300.jpg" alt="Un corazón bajo una sotana- Arthur Rimbaud" width="198" height="300" /></a><br />
</strong></p>
<p><strong><span style="color: #ff0000;">Próxima publicación: </span></strong><strong><span style="color: #ff0000;">1 de septiembre</span></strong></p>
<p>«¿Qué me importan ahora los ruidos del mundo y los ruidos del estudio? ¿Qué me importan esos a los que la pereza y la languidez encorvan a mi lado?»</p>
<p><em> </em></p>
<p class="dropcap"><em><span class="dropcap">U</span>n corazón bajo una sotana </em>quedó ubicado entre los textos «juveniles» de <strong><a title="Arthur Rimbaud" href="http://forcolaediciones.com/category/autores/arthur_rimbaud/" target="_blank">Arthur Rimbaud</a></strong>, sin demasiado análisis, hasta 1971, fecha en que empiezan a percibirse distintos estratos y se descubre que bajo la «travesura de chiquillo» hay mucho más, por lo menos hasta tres posibles capas de lectura incrustadas en datos biográficos traspuestos, en relaciones contextuales del lenguaje y en el empleo de referencias de otros autores.</p>
<p>Precursora de sus dos obras maestras, <em><strong><a title="Iluminaciones" href="http://es.wikiquote.org/wiki/Iluminaciones" target="_blank">Iluminaciones</a></strong></em> y <em><strong><a title="Una temporada en el infierno" href="http://es.wikipedia.org/wiki/Una_temporada_en_el_infierno" target="_blank">Una temporada en el infierno</a></strong></em>, <em>Un corazón bajo una sotana</em> supone un primer paso hacia la búsqueda de una nueva poética que termina desembocando en la crisis de mayo de 1871 y culmina con el «desarreglo de todos los sentidos».</p>
<p><span id="more-317"></span></p>
<p>Considerado en un principio como la «travesura» de un muchacho, <em>Un corazón bajo una sotana </em>es más bien<em> </em>un texto clave y de claves, cuyas sombras ayudan a la comprensión de buena parte de la obra más agresiva de Arthur Rimbaud, e incluso de su postura vital frente a la poesía y quizá de su abandono definitivo. Bajo la aparente chiquillada de alguien que se entretiene en los bancos del colegio garrapateando un relato sin mucho sentido, un análisis minucioso ha descubierto, más allá de su tufo anticlerical y obsceno,  distintas capas de lectura que habían pasado desapercibidas en su momento y que lo convierten en el texto más complejo de Rimbaud.</p>
<p>El primer plano, con su tufo de anticlericalismo y obscenidad, describe una realidad cotidiana: un ambiente estudiantil con falta de higiene, lleno de jerga sexual. En un segundo plano, el joven Rimbaud somete los clichés del movimiento romántico a una lectura erótica que los mancilla con significaciones escatológicas y obscenas. Una tercera lectura tendría una clave histórica, en función de ciertas alusiones a miembros de la familia imperial.</p>
<p style="padding-left: 30px;"><em><strong>Un corazón bajo la sotana</strong></em><br />
<strong> Autor</strong>: <strong><a title="Athur Rimbaud" href="El filósofo ignorante Autor: Voltaire Singladuras, 1 ISBN: 978-84-936321-4-4 PVP sin IVA: 12,02 € Páginas: 136" target="_blank">Arthur Rimbaud</a></strong><br />
Singladuras, 3<br />
<strong> ISBN</strong>: 978-84-936321-5-1<br />
<strong> PVP sin IVA</strong>: 12,02 €<br />
Páginas: 112</p>
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		<title>El editor independiente como autopromotor</title>
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		<pubDate>Tue, 13 Jul 2010 06:47:49 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Fco Javier Jimenez</dc:creator>
				<category><![CDATA[Sin categoría]]></category>
		<category><![CDATA[ Blog]]></category>

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		<description><![CDATA[«Una empresa que edite al año entre cien y cuatrocientos libros (y bien sabemos que hay muchas de ese tipo), puede ser muy respetable, y puede contar con buenos libros, pero, por supuesto, nunca llegará a ser la expresión personal e individual de un editor.» Kurt Wolff En el pasado XXVI Encuentro de Editores organizado [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://forcolaediciones.com/wordpress/wp-content/uploads/2010/07/FCo_Javier_Jiménez_Santander.jpg"><img class="aligncenter size-medium wp-image-310" title="FCo_Javier_Jiménez_Santander" src="http://forcolaediciones.com/wordpress/wp-content/uploads/2010/07/FCo_Javier_Jiménez_Santander-300x225.jpg" alt="Fco. Javier Jiménez en Santander " width="300" height="225" /></a></p>
<p class="dropcap" style="text-align: left;"><span class="dropcap">«U</span>na empresa que edite al año entre cien y cuatrocientos libros (y bien sabemos que hay muchas de ese tipo), puede ser muy respetable, y puede contar con buenos libros, pero, por supuesto, nunca llegará a ser la expresión personal e individual de un editor.»<br />
Kurt Wolff</p>
<p class="dropcap">
<p>En el pasado <strong><a title="XXVI Encuentro de Editores" href="http://www.federacioneditores.org/Convocatorias/EncuentroEdicion.asp" target="_blank">XXVI Encuentro de Editores</a></strong> organizado por la FGEE y celebrado en la Universidad Menéndez y Pelayo, en su sede del <strong><a title="Palacio de la Magdalena" href="http://es.wikipedia.org/wiki/Palacio_de_la_Magdalena" target="_blank">Palacio de la Magdalena</a></strong> de Santander, tuve ocasión de participar en la mesa redonda &#8220;El editor como autopromotor: Las nuevas herramientas: de la web a las redes sociales&#8221;.</p>
<p style="text-align: center;"><img class="aligncenter" title="Palacio de la Magdalena de Santander" src="http://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/thumb/f/f9/Palacio_de_la_Magdalena.jpg/800px-Palacio_de_la_Magdalena.jpg" alt="" width="640" height="462" /></p>
<p>En mi ponencia, titulada «El editor independiente: ¿solo ante el peligro? De la autopromoción a la creación de comunidades», que aparecerá publicada en su integridad en el próximo número de la revista <strong><a title="Texturas" href="http://www.tramaeditorial.es/shop/Detail.aspx?id=159" target="_blank">Texturas</a></strong>, compartí con los asistentes las diez claves (inspiradas en la cultura 2.0) en las que se asienta la filosofía de la web de Fórcola Ediciones, y que extracto a continuación:</p>
<ol>
<li>Fuerte identidad: Hemos querido dotar a la web de Fórcola de una fuerte personalidad, que será fiel reflejo de la de su responsable. La marcada y singularizada identidad personal es una de las piezas estratégicas más potentes de la web de la empresa para un editor independiente, pequeño y cultural.</li>
<li>Un objetivo claro: Convertirse en un «punto de referencia» para su comunidad. Para conocernos mejor, nuestros lectores deben reconocernos, no se lo pongamos difícil. A veces, un perfume demasiado intenso nos disuade de acercarnos a alguien. Y dado que el rostro, según Julián Marías, es lo primero que conocemos de una persona, hemos diseñado la web de Fórcola sin apenas maquillaje, como si fuese efectivamente eso, su cara, reflejo de su personalidad.</li>
<li>Planteamiento estratégico: Toda la información técnica de nuestros libros deberá pasar al lugar que le corresponde: no estará por tanto en primera línea, sino que ésta vendrá ocupada por otro tipo de información, cualitativamente más jugosa e interesante para el lector. Esto afecta, por tanto, a la organización interna de la página de Fórcola, cuyo despliegue y disposición, como pueden comprobar, reproduce la estructura de un blog.</li>
<li>Narrativa: Con la web de Fórcola hemos adquirido el compromiso de dotarla de un marcado carácter narrativo, precisamente porque hemos querido que sea un lugar de encuentro que invite a permanecer en ella. En definitiva, la página web de <strong><a title="Fórcola" href="http://forcolaediciones.com/" target="_blank">Fórcola</a></strong> es un verdadero «home» donde pretendemos que nuestros lectores se sientan como en casa, un lugar donde se les cuenta algo que despierta su interés. Para ello, hemos dotado a la web de un blog en el que, como editor, escribo un post, una vez a la semana, dedicado a alguno de los temas relacionados con mi labor editorial. Contándome a mis lectores cuento de paso la editorial.</li>
<li>Dialógica: el yo narrativo cobra su sentido último en el encuentro con el tú. Sobre esta filosofía hemos considerado imprescindible que cualquier post del blog, o cualquier nueva entrada sobre una novedad de Fórcola, disponga de la posibilidad de hacer comentarios por parte de los lectores, comentarios a los que no se aplica ningún tipo de filtro ni se moderan previamente.</li>
<li>Coherencia: Más allá de facilitar los datos técnicos esenciales de cada uno de los títulos del catálogo, la web de Fórcola pretende acercar y compartir los libros a sus posibles lectores, por lo que posiciona en primer lugar una información lúdica y atractiva de cada libro, con el objetivo de captar la atención y el interés de aquellos. Una forma de certificar que estamos consiguiendo nuestro objetivo es comprobar, con las herramientas estadísticas oportunas, el número de visitantes y, quizá más importante, el tiempo de permanencia medio de cada uno. Toda relación necesita su tiempo.</li>
<li>Constancia: Las diversas actualizaciones, con distintos frentes abiertos, desde comunicación de eventos, ampliación de la información de cada libro, con reseñas de prensa, fotos, noticias, o las propias entradas del blog, hacen de Fórcola un portal dinámico. La actualización constante de la web, finalmente, es premiada por los buscadores de Google.</li>
<li>Integrada: Nuestra presencia en las redes sociales, con un perfil personal/profesional en Facebook, como Francisco Javier Jiménez, por un lado, y con un perfil empresarial/personal en Twitter, como editor de Fórcola, establece sinergias y apoyos cruzados que tienen como tema central el libro y el fomento de la lectura, y como objetivo último, lograr la máxima visibilidad del proyecto editorial de Fórcola Ediciones.</li>
<li>De la fidelidad a la complicidad: Fórcola ha logrado en poco tiempo que sus colaboradores y amigos se sientan desde el principio cómplices del proyecto. En esto me guía el convencimiento de que, aunque la editorial Fórcola intentará ser siempre fiel reflejo de mi personalidad (en ese sentido, compleja, poliédrica, multidimensional, acrisolada y muchas veces contradictoria), nunca podré lograr hacer bien mi trabajo si pretendo llevarlo a cabo en solitario. Definitivamente, el editor wiki no está solo ante el peligro.</li>
<li>Auténtica: La mejor arma de la que dotarse en esa lucha diaria es la autenticidad, y el mejor escudo contra los vaivenes del mercado es la credibilidad. Editar y vender libros no está reñido con aportar un contenido valioso y ejercer una profesión con un marcado compromiso intelectual y cívico. La única manera de desterrar la imagen de fenicios que por desgracia tenemos socialmente los editores es ejerciendo con dignidad y autenticidad nuestro trabajo.</li>
</ol>
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		<title>Oficio de tinieblas o el por qué de la filosofía</title>
		<link>http://forcolaediciones.com/blog/oficio-de-tinieblas-o-el-por-que-de-la-filosofia/</link>
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		<pubDate>Tue, 06 Jul 2010 07:20:04 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Fco Javier Jimenez</dc:creator>
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		<description><![CDATA[«El monstruo todavía subsiste: todo el que busque la verdad correrá el riesgo de ser perseguido. ¿Hay que permanecer de brazos cruzados en las tinieblas? ¿O hay que encender una antorcha en la que la envidia y la calumnia vuelvan a encender sus hachones? Por lo que a mí respecta, creo que la verdad no [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://forcolaediciones.com/wordpress/wp-content/uploads/2010/07/1071_Velas.jpg"><img class="aligncenter size-full wp-image-302" title="Tinieblas" src="http://forcolaediciones.com/wordpress/wp-content/uploads/2010/07/1071_Velas.jpg" alt="" width="1024" height="768" /></a></p>
<p><span class="dropcap">«E</span>l monstruo todavía subsiste: todo el que busque la verdad correrá el riesgo de ser perseguido. ¿Hay que permanecer de brazos cruzados en las tinieblas? ¿O hay que encender una antorcha en la que la envidia y la calumnia vuelvan a encender sus hachones? Por lo que a mí respecta, creo que la verdad no debe seguir ocultándose ante estos monstruos, de la misma forma que no debe abstenerse uno de tomar alimentos por temor a ser envenenado.»</p>
<p>Los años sesenta del siglo XVIII son testigo de polémicas, desgarramientos y nuevas esperanzas en la cultura francesa, y además de la aparición de los textos del Voltaire más radical. Si en los años treinta <strong><a title="Voltaire" href="http://es.wikipedia.org/wiki/Voltaire" target="_blank">Voltaire</a></strong> hubo de huir de París perseguido por la autoridad, acusado de defender la tolerancia religiosa frente al fanatismo dogmático, ya en los años cincuenta, también tuvo que huir de Berlín a pesar de haber gozado de los honores académicos y del favor de Federico II. A partir de 1755 contempló el panorama parisino desde su retiro suizo de Ferney. Allí redactó a finales de 1766 esta obrita, <em>El filósofo ignorante</em>, que con estilo reluciente, aborda nuevamente el combate contra todo fácil optimismo y en particular contra la teodicea de Leibniz, ejemplo de la razón «justificadora de tinieblas», a la que la voz de Voltaire se enfrenta para reclamar la razón «reveladora de luz».<span id="more-301"></span></p>
<p>Desde su retiro a orillas del lago de Ginebra, nos cuenta Benedetta Craveri (de la que recomiendo la lectura de <em><strong><a title="Benedetta Craveri" href="http://www.lecturalia.com/libro/2051/la-cultura-de-la-conversacion" target="_blank">La cultura</a></strong></em><em><strong><a title="Benedetta Craveri" href="http://www.lecturalia.com/libro/2051/la-cultura-de-la-conversacion" target="_blank"> de la conversación</a></strong></em> y <em><strong><a title="Benedetta Craveri" href="http://www.lecturalia.com/libro/2052/madame-du-deffand-y-su-mundo" target="_blank">Madame du Deffand y su mundo</a></strong></em>, ambos publicados en <strong><a title="Ediciones Siruela" href="http://www.siruela.com/" target="_blank">Siruela</a></strong>), Voltaire, tras años de exilio forzado, sigue alimentando su mito con escritos, campañas de opinión, polémicas y con las iniciativas más dispares. El filósofo envía constantemente epístolas, novelas, poemas, cuentos, tragedias y versos. Mientras, en París, <strong><a title="D'Alemberg" href="http://es.wikipedia.org/wiki/Jean_Le_Rond_d'Alembert" target="_blank">D’Alembert</a></strong> y su séquito triunfan en casa de <strong><a title="madame Geoffrin" href="http://es.wikipedia.org/wiki/Marie-Th%C3%A9r%C3%A8se_Rodet_Geoffrin" target="_blank">madame Geoffrin</a></strong> y de <strong><a title="Julie de Lespinasse" href="http://es.wikipedia.org/wiki/Jeanne_Julie_Eleonore_de_Lespinasse" target="_blank">Julie de Lespinasse</a></strong>, pero es en el salón de <strong><a title="madame du Deffand" href="http://es.wikipedia.org/wiki/Madame_du_Deffand" target="_blank">madame du Deffand</a></strong> donde las ideas de Voltaire cobran un protagonismo especial.</p>
<p><a href="http://forcolaediciones.com/wordpress/wp-content/uploads/2010/07/Salon-Mdme-Geoffrin.jpg"><img class="aligncenter size-medium wp-image-303" title="Salon Mdme Geoffrin" src="http://forcolaediciones.com/wordpress/wp-content/uploads/2010/07/Salon-Mdme-Geoffrin-300x197.jpg" alt="" width="300" height="197" /></a></p>
<p>La amistad de Voltaire con Madame du Deffand se remonta a más de cuarenta años atrás, y la amplia correspondencia que ambos mantienen desde entonces legitima el salón de la marquesa ante los de sus adversarias. Frente al brillo del febril y denso panorama parisiense, el salón Saint-Joseph de madame du Deffand conserva un sabor aristocrático, y se mantiene como un refugio frente al ruido de la Ilustración y las nuevas ideas, un santuario donde la afición por la curiosidad intelectual y el «arte de la conversación», propias del «<em>philosophe</em>», no son incompatibles con el buen gusto y el verdadero <em>esprit</em> francés. «Su amistad y su correspondencia son lo que más me ata a la vida; son el único placer que me resta», le declara en una carta madame du Deffand a Voltaire a finales de 1764.</p>
<p><a href="http://forcolaediciones.com/wordpress/wp-content/uploads/2010/05/filosofo_ign.jpg"><img class="aligncenter size-medium wp-image-119" title="filosofo_ign" src="http://forcolaediciones.com/wordpress/wp-content/uploads/2010/05/filosofo_ign-202x300.jpg" alt="El filósofo ignorante. Voltaire" width="202" height="300" /></a></p>
<p>Traigo a colación a esta extraordinaria mujer porque es un personaje clave en la historia de <em><strong><a title="El filósofo ignorante" href="http://forcolaediciones.com/nbspcolecciones/singladuras/el-filosofo-ignorante-voltaire/" target="_blank">El filósofo ignorante</a></strong></em>. Este librito, a modo de breviario filosófico, tendrá en ella una de sus primeras lectoras y, dado su posición estratégica en la sociedad parisina, una de sus primeras divulgadoras. De hecho, la primera noticia que se tiene de la obrita de Voltaire es precisamente en una carta que madame du Deffand escribe a <strong><a title="Horace Walpole" href="http://es.wikipedia.org/wiki/Horace_Walpole" target="_blank">Horace Walpole</a></strong>, en 1677. En <em>El filósofo ignorante</em> tenemos oportunidad de leer, como la propia madame du Deffand, al Voltaire más radical, un verdadero zarandeador de obviedades de la historia del pensamiento. Firme defensor del lema «primero vivir, luego filosofar», Voltaire arremete contra el oficio o profesión de filósofo, que convierte las ideas en artificios o juegos de manos para solaz de aficionados al arte de la conversación. El mortero letal de Voltaire, su prosa sarcástica y llena de estilo, pone en solfa los aires metafísicos llenos de humo, vacíos de contenido, y muy alejados del espíritu pragmático reclamado por el filósofo. De hecho, su obsesión es acercar la filosofía a la vida, desterrándola definitivamente del error y del fanatismo.</p>
<p>En 56 cuestiones, a modo de breviario, Voltaire  hace un recorrido por las principales preguntas filosóficas de la historia de las ideas desde la Antigüedad clásica: sobre el pensar, el saber, la sustancia, la libertad. La eternidad, el infinito, Dios creador, la razón, la moral y la justicia. Pero la pregunta que sigue sin contestar y late tras todo el libro es la de mayor importancia para el filósofo: la conquista de la felicidad. En un siglo como el ilustrado, donde el espíritu de la Enciclopedia pretende explorar los límites de la razón, sorprende la respuesta de Voltaire a estas preguntas capitales, que, más que desde el rigor científico, se  despliegan apelando al uso de la «sana razón humana». Ante las preguntas fundamentales, desde su profunda ironía, Voltaire nos recuerda que no hay respuestas definitivas, y con ello se muestra como un verdadero «philosophe» del XVIII, curioso ilustrado, que con conceptos claros y sencillos, fáciles de comprender y expuestos en una prosa picante y persuasiva, aboga por una moral pragmática frente a las grandes preguntas de la existencia. En cambio, los <em>filósofos</em>, para Voltaire, han generado durante siglos una palabrería abstrusa que impide a cada cual cultivar su propio huerto. En el combate entre el bien y el mal, lo que está en juego, definitivamente, no son las ideas, sino nuestra felicidad.</p>
<p>Lectora atenta de este breviario, nuestra anfitriona se debate entre dos mundos, el antiguo, de certezas absolutas, y el nuevo, lleno de interrogantes. En el siglo que había hecho de la felicidad un ídolo, nos cuenta Benedetta Craveri, madame du Deffand «contempla con atrevido valor el trágico absurdo de la condición humana». En la carta que la marquesa escribe a Horace Walpole el 23 de junio de ese año, ésta declara que no está hecha para este mundo: «no sé si hay otro; y, en caso de que exista, sea como sea, lo temo». El ingenio, la elegancia, la cultura y el buen gusto hacían a madame du Deffand no sólo la garante de toda la tradición aristocrática, al más puro estilo francés; además le convertían en una privilegiada receptora de las ideas de Voltaire, que denunciaban las sombras del fanatismo, y abanderaban la lucha a favor de la razón verdadera y el espíritu de las Luces. Aún así, madame du Deffand vivía las nuevas ideas como ciertamente amenazadoras, quizá más peligrosas e intolerables que las dominantes. Con espíritu trágico, heredado de su amor a los clásicos griegos y a Montaigne (el maestro de la duda), en ella el hastío de la vida estaba unido al terror a la muerte, y «nada la podía resarcir de la desdicha de haber nacido».</p>
<p>«¿Por qué se teme a la muerte? No es solamente por la incertidumbre del futuro, es por una gran repugnancia que sentimos por nuestra destrucción, que la razón no puede combatir. ¡Ah! ¡La razón, la razón! ¿Qué es la razón? ¿Qué poder tiene? ¿Vence a las pasiones? Eso no es cierto; y, si detuviera los movimientos de nuestra alma, serían cien veces más contraria a nuestra felicidad de lo que son las pasiones. He aquí metafísica de tres al cuarto.»</p>
<p>Madame du Deffand  desahoga sus más íntimas dudas y temores en esta carta a su amante Walpole, haciéndose eco de esta «filosofía en zapatillas» destilada en <em>El filósofo ignorante</em>. La prosa de Voltaire, plagada de moral pragmática, es recibida por la du Deffand con cierta ambivalencia: hace luz en sus dudas, pero no la consuela del todo. Como dama con una posición social que le exige la observancia de la moral aristocrática, acepta resignada la lección del «philosophe», y se dedica a cultivar su huerto: presa del teatro del mundo, continúa con la representación, así que, como buena anfitriona, disimula y practica el «arte de la conversación», en palabras de <strong><a title="Marc Fumaroli" href="http://es.wikipedia.org/wiki/Marc_Fumaroli" target="_blank">Fumaroli</a></strong>, «aquel arte liberal de pensar, de decir, de vivir contra toda esperanza, pero con alegría y de manera brillante, entre los iguales que ha elegido y que la han elegido». Madame du Deffand seguirá manteniendo hasta el final su intensa correspondencia con Voltaire, cuyas cartas le ayudarán a mantenerse firme en su trabajo. Así, se mantendrá alejada de aquellas tinieblas amenazantes y cumplirá una de las sentencias de su maestro: «El trabajo aleja tres grandes <em>vicios</em>: el <em>aburrimiento</em>, el <em>vicio</em> y la penuria».</p>
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		<title>El guardián de la puerta</title>
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		<pubDate>Mon, 28 Jun 2010 08:27:34 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Fco Javier Jimenez</dc:creator>
				<category><![CDATA[ Blog]]></category>

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		<description><![CDATA[Desde hace más de 15 años soy «guardián de la puerta».  Es algo que descubrí  con el tiempo, tras lecturas y relecturas del cuento de Kafka titulado «Ante la ley». Este cuento, como sabrán, tiene mucho de enigma, se inspira en la Cábala y oculta un misterio. Recordarán, aquellos que lo hayan leído, la frustración [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://forcolaediciones.com/wordpress/wp-content/uploads/2010/06/508700163_5259bf1272_o.jpg"><img class="aligncenter size-full wp-image-295" title="508700163_5259bf1272_o" src="http://forcolaediciones.com/wordpress/wp-content/uploads/2010/06/508700163_5259bf1272_o.jpg" alt="" width="452" height="256" /></a></p>
<p class="dropcap"><span class="dropcap">D</span>esde hace más de 15 años soy «guardián de la puerta».  Es algo que descubrí  con el tiempo, tras lecturas y relecturas del cuento de Kafka titulado «Ante la ley». Este cuento, como sabrán, tiene mucho de enigma, se inspira en la Cábala y oculta un misterio.</p>
<p>Recordarán, aquellos que lo hayan leído, la frustración de su protagonista cuando, tras varias jornadas que se eternizan en el tiempo, no logra atravesar la puerta que un fornido guardián custodia con mirada amenazante.  Pues bien, durante muchos años busqué en este cuento la solución al sentido de mi vida, pero como todo misterio, no tiene solución; sólo los problemas tienen solución. Vivimos en un mundo que está cargado de problemas, o se los busca, y que pasa la vida intentando solucionarlos. Pero el sentido de nuestras vidas poco tiene que ver con estadísticas y razones, y menos con solucionar problemas. En cambio, el sentido de nuestra vida se juega en unos pocos misterios y enigmas, que cuentos e historias como el de Kafka nos plantean como un reto a descubrir. Les confieso con rubor que durante años leí de forma incorrecta el cuento de Kafka porque, como mal lector, me identificaba con su protagonista. Lector adolescente, me dejé llevar por una primera lectura superficial del mismo, y sufrí los mismos agobios del protagonista, hasta que hice mío el misterio que ocultaba: cambié de punto de vista y concentré mi atención en el guardián.<span id="more-294"></span></p>
<p>Como guardián de la puerta llevo más de quince años siendo primero librero y ahora editor. Durante esos años, cientos de ustedes se han acercado a mí con una mirada triste, un pesar en el corazón, una condena en su ánimo. Todos ustedes han venido ante mí dando cuenta de una ley no escrita, pero grabada a fuego en el consciente colectivo, que les obliga, más tarde o más temprano, como el protagonista del cuento de Kafka, a presentarse ante la puerta que custodio. Esa Ley tiene una sola sentencia: «Hay que leer». Entiendo perfectamente que recelen de mí. Ustedes cumplen una obligación, una condena, pero no son conscientes de haber incurrido en delito alguno; ustedes realmente no han hecho nada para merecer este castigo. Y entiendo también que, al verme por primera vez,  desconfíen de mí: no parezco muy de fiar, ahí plantado ante la puerta, siempre entre libros. Pero claro, ustedes no me conocen aún y no saben cuál es mi misión.</p>
<p>Mi misión. Fíjense, no he hablado de trabajo, y menos de empleo. Parte del enigma tiene que ver con descubrir cuál es la misión de nuestra vida. Desde hace muchos años hablo de mi trabajo en términos de vocación. Vocación, del latín «vocare», llamar. Es decir, en mi lento caminar por esta vida, mi vida, mi vocación (labrada durante este tiempo a base de dedicación y esfuerzo), a lo que me siento llamado, es a custodiar esta puerta.</p>
<p>Pero ¿qué puerta custodio? Y ¿a dónde da? ¿A un palacio? ¿A un castillo? No, para muchos de ustedes, realmente,  aquélla aparece como la puerta de una construcción amenazante, más que fortaleza inexpugnable, prisión siniestra donde ustedes creen que, en una de sus celdas o mazmorras, cumplirán la sentencia marcada por la Ley y donde no esperan encontrar absolución alguna. Les han condenado a leer. La lectura se ha convertido para muchos de ustedes en una verdadera pena de prisión, y alguien como yo, guardián de la puerta, no goza entre ustedes de mucha simpatía.</p>
<p>En cambio, para muchos de nuestros políticos, estamos ante un palacio, lleno de luces y brillos. Es el palacio de las estadísticas, donde reina su alteza real el Porcentaje. Nuestros políticos se empeñan en obligarnos a presentar pleitesía ante este poderoso soberano que rige todo lo relacionado con nuestras vidas, incluido lo que tiene que ver con los libros. Su alteza real el Porcentaje es un tirano inflexible, lo quiere saber todo, también cualquier mínimo detalle sobre el libro y la lectura: ¿Cuántos libros se imprimen? ¿Cuál es la tirada media? ¿Cuál es el precio medio? ¿Cuántos libros de venden? ¿Cuántos libros per capita se leen al año? Y, la pregunta que, como un trueno, hace temblar la voz del tirano Porcentaje: ¿cuántos de ustedes no leen? Al servicio de su alteza real el Porcentaje están cientos de funcionarios que cuantifican el resultado de miles de encuestas que todos los años se publican y que los políticos de turno utilizan para preparar sus campañas electorales. Unos y otros están al servicio del tirano Porcentaje, y su único interés es convertirnos, no en lectores, no en personas, sino en ciudadanos, consumidores, en definitiva, votantes.</p>
<p>Para otros, en cambio, lo que hay tras la puerta que custodio no es un palacio, sino un templo. La catedral de la palabra, donde todo feligrés lector debe guardar un silencio respetuoso. Sus pasos lentos y silentes han de llevarle a cada uno de ustedes ante el altar donde se venera la santa reliquia, el objeto sagrado, el libro. Oh!!!!! Deberán todos los privilegiados, elegidos a formar parte de esta religión, a guardar una profunda fidelidad a su santo patrón, San Libro, lo cual les debe llevar a tratar con condescendencia a todos aquellos que no creen en esta religión. En cuanto a los no practicantes, es decir, aquellos cuya fe no es pura y que, en vez de leer los libros más sagrados (los  que recomiendan los sacerdotes del templo, los famosos «prescriptores»), pasan el tiempo en cambio leyendo <em>best-sellers</em>, a estos pobrecitos los verdaderos creyentes debemos despreciarlos, incluso ignorarlos.</p>
<div id="attachment_296" class="wp-caption aligncenter" style="width: 236px"><a href="http://forcolaediciones.com/wordpress/wp-content/uploads/2010/06/Juan-Domingo-Argüelles-3.-Fotografía-de-Jaime-Chalita.jpg"><img class="size-full wp-image-296   " title="Juan Domingo Argüelles 3. Fotografía de Jaime Chalita" src="http://forcolaediciones.com/wordpress/wp-content/uploads/2010/06/Juan-Domingo-Argüelles-3.-Fotografía-de-Jaime-Chalita.jpg" alt="" width="226" height="340" /></a><p class="wp-caption-text">Juan Domingo Argüelles. Fotografía de Jaime Chalita</p></div>
<p>Por culpa de estos políticos que están al servicio del tirano Porcentaje, y por culpa de aquellos que consideran la lectura como una religión y el libro como un objeto sagrado, como rotundamente afirma <strong><a title="Juan Domingo Argüelles" href="http://forcolaediciones.com/autores/juan-domingo-arguelles/" target="_blank">Juan Domingo Argüelles</a></strong> su libro <em><strong><a title="Si quieres lee" href="http://forcolaediciones.com/nbspcolecciones/senales/si-quieres-lee-juan-domingo-arguelles/" target="_blank">Si quieres… lee</a></strong></em>, en muchos de ustedes ni se han acercado a la puerta que custodio, y no han dado un paso para, ni siquiera, hablar conmigo y descubrir que no están ni ante un palacio ni ante un templo. Durante años cientos de ustedes ni se han atrevido a llamar a mi puerta: han permanecidos mudos ante mí, sin ni siquiera pestañear, intentando averiguar qué es eso de leer y en qué consiste la condena. Los orientales, que son sabios, dicen: un físico podrá medir y pesar la manzana, un pintor podrá dibujar una manzana, un filósofo podrá dar una explicación del sentido metafísico de la manzana, pero usted no sabrá a qué sabe la manzana hasta que la muerda. Con muchos de ustedes, afortunadamente, he podido entablar un diálogo. Y todo comienza con un encuentro personal.</p>
<p>Juan Domingo Arguelles es otro guardián de la puerta, no menos cautivadora e irresistible, la de los libros que llevan a otros libros. Hay tantas puertas como guardianes; hay tantos guardianes como lectores. Realmente, todos los que leemos con pasión, todos los que hemos descubierto la experiencia lectora como parte del misterio de nuestra vida, somos verdaderas puertas de esta casa, no palacio ni mazmorra, que es la casa de la palabra. Un filósofo alemán, Martin Heidegger, decía que la palabra es la casa del ser; en cambio, para el poeta y pensador mexicano Octavio Paz, la poesía es la casa de la presencia, donde la relación del otro me constituye, como persona y, por supuesto, como lector. Yo diría más, cada uno de ustedes, lectores, son puertas de la casa de la palabra y de la lectura.</p>
<p>La lectura es una experiencia radical que transformará su vida si no lo ha hecho ya. Esa experiencia vendrá siempre propiciada por un encuentro personal. Será un amigo, un familiar, un amor, todos ellos, guardianes de puertas, quienes les tenderán la mano para mostrarles un libro, un libro que habrá a su vez transformado la vida de cada uno de ellos. Como nos dice Juan Domingo Arguelles en <em>Si quieres… lee</em>, la lectura, como el amor, no se impone. Se descubre. Se encuentra, se ofrece. La verdadera lectura, aquella que nos produce esa experiencia gozosa y repetible, supone el ejercicio de nuestra libertad, no puede ser producto de una obligación. Porque los lectores no se fabrican en serie, no son productos de mercado, no son cosas manipulables, no son objetos cuantificables por políticos o estadísticas. Son personas con un misterio en su corazón, que gracias a la lectura de un buen libro, ofrecido por una mano amiga, quizá descubran para su felicidad. Y es que si la lectura y los libros no nos ayudan a ser más felices y a transformar nuestras vidas, no sirven de nada, se quedan reducidos a simples… papeles pintados.</p>
<p>Probablemente alguno de ustedes le habrá pasado lo mismo que al protagonista del cuento de Kafka. No se desanimen. Levántense, den un paso adelante, tiendan la mano y preséntense ante el guardián de su gusto. Una sola pregunta, «¿qué libro te ha gustado?», y verán que la puerta se abre. Es más, descubrirán que ustedes ya están dentro.</p>
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		<title>Anatomía de la inquietud</title>
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		<pubDate>Mon, 21 Jun 2010 14:06:12 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Fco Javier Jimenez</dc:creator>
				<category><![CDATA[Sin categoría]]></category>
		<category><![CDATA[ Blog]]></category>

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		<description><![CDATA[«Ahora que asumo mi inclinación tanto por subrayar maniáticamente los libros como por retratar crepúsculos y paisajes durante los paseos que me gusta emprender cuando viajo a otras latitudes, entiendo qué caprichosas son las raíces de las que provenimos.» Cuando uno frecuenta la escritura errática de Mauricio Montiel, más tarde o más temprano descubre que [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://forcolaediciones.com/wordpress/wp-content/uploads/2010/06/4314521938_9b1d8fc4cc.jpg"><img class="aligncenter size-full wp-image-285" title="Mauricio Montiel" src="http://forcolaediciones.com/wordpress/wp-content/uploads/2010/06/4314521938_9b1d8fc4cc.jpg" alt="" width="500" height="408" /></a></p>
<p class="dropcap"><span class="dropcap">«A</span>hora que asumo mi inclinación tanto por subrayar maniáticamente los libros como por retratar crepúsculos y paisajes durante los paseos que me gusta emprender cuando viajo a otras latitudes, entiendo qué caprichosas son las raíces de las que provenimos.»</p>
<p>Cuando uno frecuenta la escritura errática de <strong><a title="Mauricio Montiel" href="http://forcolaediciones.com/nbspcolecciones/senales/paseos-sin-rumbo-mauricio-montiel/" target="_blank">Mauricio  Montiel</a></strong>, más tarde o más temprano descubre que todo viaje implica una doble decepción: concluye cuando menos lo esperamos y por tanto nos deja con deudas pendientes. El viaje, como la propia escritura, las asume Montiel, incansable paseante, como caras de una misma moneda: la propia vida, la de todo paseante urbanita muy siglo XXI, que vive su pasado como producto del azar, y que se enfrenta, a veces sin esperanza, a su futuro en un mar de incertidumbre.<span id="more-284"></span></p>
<p>Quizá nos quede tan sólo el presente y el compromiso de narrarlo en su fragmentariedad, en su carácter efímero, donde la imagen preside nuestro cotidiano deambular por la metrópoli caótica y babélica. Nuestra mirada es nostálgica: «Todo televisor es una cabeza que aguarda una mano que la arranque de su ceguera con tan sólo apretar un botón. Todo video es portador de una nostalgia siniestra. Toda imagen, un recuerdo doloroso que vibra en la estática del pasado».</p>
<p><a href="http://forcolaediciones.com/wordpress/wp-content/uploads/2010/05/montiel_21.jpg"><img class="alignleft size-full wp-image-5" title="montiel_1.indd" src="http://forcolaediciones.com/wordpress/wp-content/uploads/2010/05/montiel_21.jpg" alt="" width="221" height="357" /></a>Montiel, frenético lector de Charles Baudelaire, de <strong><a title="Robert Walser" href="http://forcolaediciones.com/nbspcolecciones/senales/paseos-sin-rumbo-mauricio-montiel/" target="_blank">Rober Walser</a></strong>, de <strong><a title="Sebald" href="http://es.wikipedia.org/wiki/W._G._Sebald" target="_blank">W. G. Sebald</a></strong>, se hace celoso coleccionista del detalle y de miradas indiscretas, afanoso explorador de callejones y aeropuertos, cronista de los no lugares que plagan nuestras vidas, que vivimos ahora más que nunca filtradas por el <em>videoclip</em> de la pantalla pequeña  y la estética de la publicidad. Nuestra errancia urbanita no tiene otro sentido, quizá, que el de narrar el propio paseo sin rumbo, el de fundirnos en él en busca de un paraíso perdido, el sentido de nuestro propio caminar: «La vista implica así el deseo de ser tenue: el espectador, ese flâneur ocular, pasea por la foto con ganas de habitarla un instante, apenas como un fantasma súbito, y desvanecerse en lo que observa. Quiere mirar, quiere ser paisaje».</p>
<p>Montiel pasea por «terra cognita», y su caminar se vuelve «errancia por los gestos y los cuerpos», su narrar, en este <em><strong><a title="Paseos sin rumbo" href="http://forcolaediciones.com/nbspcolecciones/senales/paseos-sin-rumbo-mauricio-montiel/" target="_blank">Paseos sin rumbo</a></strong></em>, nos invita a descubrirnos habitantes de una ciudad deconstruida por el cine posmoderno, despersonalizada, donde sus personajes deambulan por crisoles de aislamiento en busca de  su identidad perdida. En esta sociedad de lo efímero por no pesado, de la nanotecnología, de las comunidades virtuales, del amor líquido, en definitiva, en esta sociedad líquida -según la peculiar terminología del sociólogo polaco <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Zygmunt_Bauman"><strong>Zygmunt Bauman</strong></a>-, Montiel, en el más puro espíritu sebaldiano, nos invita a acometer, a través del cine, el de Kubrick, Tarantino, Wenders, Scorsese, o Lynch, una «anatomía de la inquietud».</p>
<p>Nuestro deambular atraviesa la metrópoli del siglo XXI, y nuestra narración pretende hacer la cartografía personal del nómada moderno, paradójico sedentario de toda gran urbe. Como un alter ego de Walter Benjamin, o en la tradición inaugurada por Franz Kafka, Robert Walser o Dino Buzzati,  y continuada más tarde por W. G. Sebald, Montiel nos recuerda que «somos víctimas de la espera, o lo que es igual, turistas con los papeles en regla pero varados en un puesto fronterizo». Finalmente, «la muerte es el editor más feroz».</p>
<p>¿Por qué he editado este libro de Mauricio  Montiel, me podría preguntar cualquier lector de Fórcola? Leyendo estos días las memorias de Kurt Wolff, he hallado una posible respuesta: «Los editores con voluntad creativa intentamos entusiasmar a los lectores por aquello que nos parece original y valioso, sin importarnos si es fácil o difícil de entender. Es evidente que podemos equivocarnos, y nos equivocamos muy a menudo».</p>
<p>Editar a Mauricio Montiel ha sido, entre otras cosas, la oportunidad de enfrentarme a mis propias preguntas y fantasmas, lo que me ha obligado a afrontar mi propia errancia por este mundo editorial, donde vocación y profesión se entrecruzan, en busca de sentido.</p>
<p>Decía Octavio Paz que «los grandes libros, los libros necesarios, son aquellos que logran responder a las preguntas que se hace el resto de los hombres». Espero que <em>Paseos sin rumbo</em>, de Mauricio Montiel, te lance a la cara, lector, el reto de salir de paseo para afrontar tus propias preguntas.</p>
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		<title>Desdoblarse para existir</title>
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		<pubDate>Mon, 14 Jun 2010 11:11:56 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Fco Javier Jimenez</dc:creator>
				<category><![CDATA[ Blog]]></category>

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		<description><![CDATA[«No hablo la lengua de las realidades, y entre las cosas de la vida me tambaleo como un enfermo que ha guardado mucha cama y que se levanta por primera vez.» El libro del desasosiego me lleva acompañando desde hace años, la lectura de Pessoa es siempre, a modo de un ritual, una relectura que, [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://forcolaediciones.com/wordpress/wp-content/uploads/2010/06/pessoa1.jpg"><img class="aligncenter size-full wp-image-271" title="El funcionario poeta" src="http://forcolaediciones.com/wordpress/wp-content/uploads/2010/06/pessoa1.jpg" alt="" width="495" height="318" /></a></p>
<p class="dropcap"><span class="dropcap">«N</span>o hablo la lengua de las realidades, y entre las cosas de la vida me tambaleo como un enfermo que ha guardado mucha cama y que se levanta por primera vez.»</p>
<p><em>El libro del desasosiego</em> me lleva acompañando desde hace años, la lectura de Pessoa es siempre, a modo de un ritual, una relectura que, cada vez que programo un viaje, me despierta de la rutina y me hace reflexionar, tomando conciencia, en escorzo, de lo fugaz y provisional de toda aventura personal. De esa melancolía pessoana se hace eco el libro de <strong><a title="Carlos Eymar" href="http://forcolaediciones.com/category/autores/carlos-eymar/" target="_blank">Carlos Eymar</a></strong>, <em><strong><a title="El funcionario poeta" href="http://forcolaediciones.com/colecciones/senales/el-funcionario-poeta-carlos-eymar/" target="_blank">El funcionario poeta</a></strong></em>: «ninguna obra como <em>El libro del desasosiego</em> ha sabido extraer tanto jugo de la vida sin brillo del oficinista». <span id="more-265"></span></p>
<p>Nos dice Pessoa, en otro momento: «Toda la vida del alma humana es un movimiento en la penumbra. Vivimos, en un anochecer de la conciencia, nunca seguros de lo que somos y de lo que nos suponemos ser». Eymar dirige su mirada hacia ese oficinista, trasunto de funcionario, que «percibe, tenuemente, a través de la ventana, el bullicio y los olores callejeros, abandonándose, con resignación a una suave melancolía que sabe estéril cualquier intento de huida». Fue en algunas de las múltiples oficinas comerciales de Lisboa donde Pessoa escribió muchas de sus poesías, donde sufrió, amó y se estremeció ante las tormentas.</p>
<p>«¿Qué secreto vínculo pudo establecerse entre su alma poética y la frustrante realidad oficinesca?», se pregunta Carlos Eymar en un libro que pretende desgranar una estética de la burocracia, utilizando como pilares la vida y la obra de escritores como el propio Pessoa, representante de una poetización de la oficina, Kafka, ejemplo de la doble vida que todo funcionario poeta lleva modo de homo duplex, o Kojève, ejemplo a su vez del funcionario cosmopolita.</p>
<p><strong><a title="Juan Malpartida" href="http://forcolaediciones.com/wordpress/wp-content/uploads/2010/06/ABCD014.jpg" target="_blank">Juan Malpartida</a></strong> afirma que «Carlos Eymar sabe pensar y escribir, y de esta manera nos reconcilia, así sea por un rato, con nuestra conflictiva dualidad». El personaje de «Ante la Ley», a modo de alter ego del propio Kafka, en ese universo kafkiano hecho de escaleras crecientes, pasillos interminables, suelos minados, trampillas o ventanucos secretos, ejemplifica que, ya sea Dios, emperador, jefe o padre, de lo que se trata es de  desvelar la intención de aquellos fugitivos legisladores. Kafka intenta explicar los misterios que entraña el poder, tan sólo entrevistos en la desazón como individuo sometido.<br />
Mediante la parábola, mejor que con cualquier otra descripción directa, el funcionario poeta «puede aproximarse a la comprensión de una sociedad y una vida paradójicas: Kafka se somete al padre y se hace funcionario para, después, tratar de liberarse reinterpretando literaria y alegóricamente su sumisión».</p>
<p>El libro de Carlos Eymar se hace eco de la peculiar toma de conciencia de sí de estos escritores funcionarios, que a modo de aureola, son un aliciente estético que ejemplifica la vocación de los que aún no han asumido la derrota de sus sueños creadores. El funcionario «lleva una vida privada demasiado simétrica a su función pública»; parece una «marioneta dirigida por hilos invisibles de microchips y ondas electromagnéticas», un «actor privado», «bufón anónimo», cuya doble vida implica un paso más hacia el abismo. Este «hombre cibernético, telemático, unidimensional, monocerebral, ordenántropo», ha convertido el fuego de Prometeo en un horno crematorio, donde toma conciencia del vacío y del absurdo, donde descubre «su condición de máquina, de muerto viviente».</p>
<p>En opinión de Rafael García Alonso (<strong><a title="Rafael García Alonso" href="http://forcolaediciones.com/wordpress/wp-content/uploads/2010/06/LetraInternacional_1015.jpg" target="_blank">aquí</a></strong> y <strong><a title="Rafael García Alonso" href="http://forcolaediciones.com/wordpress/wp-content/uploads/2010/06/LetraInternacional_2016.jpg" target="_blank">aquí</a></strong>) «quizá sea la astucia una de las cualidades que recorren solapadamente este ensayo singular. Pues, efectivamente las dualidades que hilan este libro tienen un punto común en la estrategia del desdoblamiento».</p>
<p>El funcionario poeta se alza como el arquetipo de ese impulso al desdoblamiento que pretende, a veces sin conseguirlo, sortear la realidad amenazadora, convirtiendo su obra en una extraña forma de búsqueda de la verdad, una protección contra la muerte, el cautiverio o el poder que nos somete.</p>
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		<title>Vivir con libros</title>
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		<pubDate>Mon, 07 Jun 2010 10:00:33 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Fco Javier Jimenez</dc:creator>
				<category><![CDATA[ Blog]]></category>

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		<description><![CDATA[El pasado 3 de junio, en el marco de la 69ª edición de la Feria del Libro de Madrid, en el Pabellón de la Fundación Círculo de Lectores, convocamos a amigos, colegas y lectores al acto que bajo el título genérico «Vivir con libros» pretendía presentar en sociedad la nueva edición del libro de Jesús [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: center;">
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<p><a href="http://forcolaediciones.com/wordpress/wp-content/uploads/2010/06/ejdkoojr.jpg"><img class="aligncenter size-full wp-image-254" title="Tocar los libros" src="http://forcolaediciones.com/wordpress/wp-content/uploads/2010/06/ejdkoojr.jpg" alt="" width="162" height="114" /></a></p>
<p class="dropcap"><span class="dropcap">E</span>l pasado 3 de junio, en el marco de la 69ª edición de la Feria del Libro de Madrid, en el Pabellón de la Fundación Círculo de Lectores, convocamos a amigos, colegas y lectores al acto que bajo el título genérico «<strong><a title="Vivir con libros" href="http://www.ferialibromadrid.com/ficha_avanzada.cfm?id=506" target="_blank">Vivir con libros</a></strong>» pretendía presentar en sociedad la nueva edición del libro de Jesús Marchamalo <em>Tocar los libros</em> y el sello editorial Fórcola Ediciones. En el acto me acompañaron el propio autor, Jesús Marchamalo, periodista y escritor, y Luis Mateo Díez, académico y escritor. Tras varios años participando activamente en la feria del libro, por fin en esta edición he tenido la satisfacción de presentar públicamente la editorial que he fundado, Fórcola Ediciones, como un sello independiente, de oficio, de pasión, que no pretende ser sino la «expresión personal e individual de un editor», según las palabras del editor alemán  Kurt Wolff.<span id="more-252"></span></p>
<p style="text-align: left;">Toda presentación pública de un nuevo libro supone para su editor un nuevo reto, en cierto modo implica dar un paso al frente con el flanco al descubierto, realmente conlleva abandonar la mesa de trabajo para salir a los medios y dejarse ver, sin trampa ni cartón, ante un público impredecible, cuyo veredicto el editor espera con cierta ansiedad. En toda exposición, pues, de un libro, el que realmente queda expuesto es el propio editor, que se juega el tipo precisamente en cada libro. «Vivir con libros» ejemplifica muy bien, en ese sentido, a modo de imagen, la vida del editor entendida como trayectoria vital o existencial, como diría Julián Marías.</p>
<p style="text-align: left;">A cada nuevo título este quien les escribe ve puesta en cuestionamiento su labor diaria, entendida más que como profesión o empleo, como oficio vocacional y tarea artesana. Cada nuevo libro es pieza insustituible que cobra sentido dentro del engranaje y la maquinaria que tiene en mente su maestro relojero, cuyos movimientos han de permanecer ocultos para el lector, ya que realmente el protagonista de toda esta aventura no ha de ser el editor, sino el encuentro personal e intransferible del texto del autor con su lector. La fórcola que da sentido a esta casa editorial nos recuerda el mimo y la dedicación que todo maestro artesano, con su  labor oculta y en segundo plano, le debe dedicar a cada libro, para que luzca como una pieza única e irrepetible.</p>
<p style="text-align: left;">
<p style="text-align: center;"><a href="http://forcolaediciones.com/wordpress/wp-content/uploads/2010/06/Tocar_los_libros_feria.jpg"><img class="size-thumbnail wp-image-259 aligncenter" title="Tocar_los_libros_feria" src="http://forcolaediciones.com/wordpress/wp-content/uploads/2010/06/Tocar_los_libros_feria-150x150.jpg" alt="Foto de Silvano Gozzer" width="150" height="150" /></a></p>
<p style="text-align: left;">Kurt Wolff, en su recientemente publicado en España <em><a title="Kurt Wolff" href="http://www.acantilado.es/catalogo/autores-libros-aventuras-481.htm" target="_blank"><strong>Autores, libros, aventuras…</strong></a></em> distingue entre dos tipos de editores: el que edita «los libros que considera que la gente <em>debería</em> leer», y el que edita «los libros que piensa que la gente <em>quiere</em> leer». Por mi parte me identifico con el primer tipo de editor, por lo que mi oficio tiene mucho de militancia, de «punto de resistencia», en palabras de Luis Mateo Díez, de vocación.</p>
<p style="text-align: left;">
<p>Durante la presentación del libro, Luis Mateo Díez tuvo palabras elogiosas hacia un «librito» que tiene mucho de breviario, donde se condensa, con un «estilo intenso, destilado, con un tono lírico, y a veces hasta elegíaco, en la sencillez de la exposición», todo lo que se puede decir con sentido sobre el amor a los libros. Mateo Díez nos recordó la fascinación que nos produce la «carnalidad» de nuestros libros, atesorados durante años, una propiedad «íntima, personal y placentera», que nos dice que la verdad última de los libros es el amor que nos suscitan. En ese sentido es oportuno traer aquí lo que el propio Jesús  Marchamalo, <strong><a title="Fernando Sánchez Dragó" href="http://www.flickr.com/photos/forcolaediciones/4659570236/" target="_blank">guardián del tesoro</a></strong> en palabras de Fernando Sánchez Dragó, nos confía: «Todos los libros tienen una peripecia, una historia que contar. Los libros hablan del carácter, los intereses y la personalidad de sus propietarios, y también la forma de ordenarlos en nuestras personales bibliotecas aporta datos significativos».</p>
<p style="text-align: left;">Sí, editar <em>Tocar los libros</em>, de Jesús  Marchamalo, ha sido una verdadera labor de artesanía, donde cada detalle se ha cuidado al máximo, y cuyo resultado final ha sido fruto de la estrecha colaboración del autor y del editor. La revisión y presentación definitiva del texto, la selección de las fotografías que lo ilustran en esta nueva edición, los mil y un detalles de la gestión de derechos de las mismas, han sido oportunidad, entre otras cosas, para trabajar mano a mano con Jesús Marchamalo y lograr entablar nuevas amistades. Mi agradecimiento, en primer lugar, a Jesús Marchamalo, por confiar en el proyecto, y a Luis Mateo Díez, por su generosidad con este libro, al que ha dotado de nuevo de un emotivo prólogo. Agradecimiento que debo ampliar a Gorka Lejarcegui, a Reyes Salcedo y al diario El País, a Asen Uña y a la Fundación Ortega y Gasset, a Damián Flores, a Antonio Gálvez, a todos ellos por su buena disposición a cedernos las imágenes que conforman ya este libro, sin ellos no hubiese sido posible. Y por supuesto, a Fernando Savater, Luis Alberto de Cuenca, Andrés Trapiello, Enrique Vila-Matas, Gustavo Martín Garzo y el propio Luis Mateo por dejarnos reproducir imágenes de sus íntimas y personales bibliotecas para ilustrar las páginas de <em>Tocar los libros</em>.</p>
<p style="text-align: left;">Finalmente mi agradecimiento a tantos amigos que ya atesoran en sus lecturas preferidas este <em>Tocar los libros</em>, y a aquellos que con sus palabras de aliento logran que esta pequeña fórcola continúe su singladura hacia buen puerto.</p>
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