Tocar los libros – Jesús Marchamalo

Prólogo de Luis Mateo Díez

2ª edición

«Hay libros indispensables que nos obligan a poseerlos, a conservarlos para hojearlos de vez en cuando, tocarlos, apretarlos bajo el brazo. Libros de los que es imposible desprenderse porque contienen fragmentos del mapa del tesoro»

Tocar los libros hará las delicias de todos los amantes de la lectura y del libro, editores, bibliotecarios, libreros o lectores en general, bien sean bibliófilos bien bibliópatas. Un homenaje desenfadado y muy personal a la literatura y al mundo de los libros, que con cierto tono auto-biográfico, explora el territorio de las bibliotecas personales y nos redescubre el particular arte de la dedicatoria, tras el que late, más que el puro coleccionismo, una intensa pasión por la belleza y lo irrepetible de los libros en papel.

Todos los libros tienen una peripecia, una historia que contar. Los libros hablan del carácter, los intereses y la personalidad de sus propietarios, y también la forma de ordenarlos en nuestras personales bibliotecas aporta datos significativos. «Hay quien dice que las bibliotecas definen a sus dueños, y estoy seguro de que es cierto.»

Para Jesús Marchamalo, como en los estratos geológicos de un yacimiento arqueológico, los libros permiten ir desenterrando los restos de todos nuestros particulares naufragios.

Pero, sobre todo, hay que reconocer a los libros una sorprendente capacidad colonizadora: se extienden por los sofás, toman las repisas, los cabeceros de las camas, las mesillas… Como un ejército victorioso ganan los altillos, los aparadores, las cestas de mimbre donde duermen los gatos. Hay libros indispensables que nos obligan a poseerlos, a conser-varlos para hojearlos de vez en cuando, tocarlos, apretarlos bajo el brazo. Libros de los que es imposible desprenderse porque contienen fragmentos del mapa del tesoro.

Tocar los libros es, afirma Jesús Marchamalo, de entre los míos, uno de mis libros preferidos y probablemente el que más tiene que ver conmigo, y con mi mundo de autores, lecturas e historias. Y en la medida en que todos los libros de algún modo lo son, seguramente el más autobiográfico.

La crítica ha dicho:

«Un librito que tiene mucho de breviario, donde se condensa, con un estilo intenso, destilado, con un tono lírico y a veces hasta elegíaco, todo lo que se puede decir con sentido sobre el amor a los libros.»

Luis Mateo Díez

«Marchamalo es la vieja cobra que en “El ankus del rey” de Kipling vigila el tesoro sepultado en el subsuelo de un palacio en ruinas. Los colmillos de su pluma destilan sabiduría, recta intención, humor, lecturas, estilo, sencillez, amenidad y brevedad. No cabe escribir mejor.»

Fernando Sánchez Dragó

«Jesús Marchamalo es amigo de los libros, y sobre texturas, olores, secretos y tantas cosas más de los libros escribe en este librito, que se coge con dos dedos y se disfruta siempre.»

Javier Goñi

«Jesús Marchamalo es un bibliópata. Está aquejado del mal del libro. Los síntomas de esa enfermedad son complejos y no siempre se distinguen a primera vista. Dice Jesús que Tocar los libros —dedicado, por cierto, al gran bibliófilo y librero Manolo Gulliver— es su libro preferido, y lo entiendo, porque es una auténtica maravilla.»

Luis Alberto de Cuenca

Tocar los libros
Autor: Jesús Marchamalo
Singladuras, 2
ISBN: 978-84-936321-9-9
PVP sin IVA: 9,14 €
Páginas: 80

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14 comentarios

  • Perfetto! Todos los libros tienen una peripecia, una historia que contar.

  • Muchas gracias Gaus por tu visita y tu comentario. Efectivamente, cada libro de nuestra biblioteca personal es fruto de una historia, quizá de una relación personal, que se reactiva cada vez que volvemos a hojear y ojearlo, cuando trasteamos entre libros al azar.

  • Ayer me lo leí de un tirón. Genial, sublime.

  • Es posible que los nuevos medios de difundir la palabra terminen con esta ancestral costumbre de utilizar los libros como elementos de pura decoración (como decorar bibliotecas por tamaño y color u oficiar de almohadones para gatos) y actuar como medio de difusión de la poco importante personalidad del lector para ser lo que deben ser: transmisores de las ideas de quien lo escribió.
    El artículo me parece propio de alguien interesado más en juzgar al libro por su tapa que por su contenido

  • Gracias María. El libro de Marchamalo tiene ese tono lírico, a veces elegíaco, en palabras de Luis Mateo Díez, que le dota de cierta melancolía, de cierto sabor con regusto a batallas perdidas o paraísos perdidos. Porque toda biblioteca personal no deja de ser, si me apuras, resto de lecturas perdidas en el olvido, anhelo de futuras lecturas. Y aún así, la biblioteca que nos acompaña nos dota, siguiendo a Elias Canetti, de cierta sensación de inmortalidad.

  • No te discuto que haya personas que doten a sus bibliotecas de cierta funcionalidad extraliteraria, buscando con su puesta en escena cierta apariencia de estatus o clase social. En mi experiencia de años, no obstante, creo que no me he encontrado a nadie así. El trato diario con mi biblioteca, en la que atesoro ya un número indeterminado de ejemplares (hace tiempo que ya no me molesto en contarlos), me reconforta de muchos sinsabores. Sí, claro que para mí el valor está en el contenido de los libros, en la sabiduría que encierran sus palabras, en lo transformador de corazones de sus párrafos; pero no desdeño en absoluto, la carnalidad y materialidad de dichos ejemplares, ya que precisamente son estos y no otros los que me vienen acompañando desde hace años. Incluso algunos están dedicados por sus autores, incluso otros subrayados por sus anteriores propietarios o por mí mismo. Los nuevos medios, sin lugar a dudas vienen en nuestra ayuda para trastear más cómodamente en los contenidos; pero eso no va a persuadirme de seguir disfrutando del tacto y el olor de los libros de papel, cada uno único, que conforman mi biblioteca personal. La belleza de los libros no sólo está en su contenido, también en su presentación.

  • Creo que @Auringal ha leído “el artículo” muy por encima, y sin situarlo en su contexto. No creo que vaya por ahí “Tocar los libros”.

    Aunque debo decir, Javier, que yo si he tenido, cuando era librero, que “confeccionar” bibliotecas de acuerdo a las medidas de las estanterías, el gusto (barroco) del comprador, y la apariencia que quería reflejar.
    También he visto comprar colecciones (amarillas y grises, letras hispánicas y panoramas, ya sabes a qué me refiero) sólo porque juntas en la estantería iban a quedar… No veas. La verdad es que quedan genial ;)

    abrazos,
    P.

  • Tu experiencia librera, amigo Paul, no tiene precio y debería formar parte de un pequeño breviario del perfecto librero siglo XXI. Me has hecho recordar algunos momentos antológicos de mi permanencia en Crisol, cuando vestía de amarillo en un trabajo que tenía mucho de teatro, casi de Moliere. A mí también me llegaron a encargar libros por metros, y hasta por colores. Me refería más bien, en cambio, a que nadie de mi entorno funciona así, aunque sí conozco algún maniático que organiza los libros por editoriales, y los discos por colores. Confeccionar mi biblioteca personal, en cambio, me ha llevado años, alguna sorpresa (por repetidos) y algún disgusto (por perdidos o prestados sin devolver). Es parte ya de mi íntima biografía personal.



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