Stefano RussomannoStefano Russomanno ha estudiado musicología en la Università degli Studi de Milán con Francesco Degrada. Desde 2001 es coordinador de la sección de música de ABC Cultural.

Ha publicado artículos en revistas especializadas y ha colaborado con instituciones musicales tales como I pomeriggi musicali de Milán, el Teatro Real de Madrid, la Orquesta Nacional de España, el Festival de Música y Danza de Granada, el Archivo Manuel de Falla de Granada y el Festival de Música Contemporánea de Estrasburgo. Sus investigaciones se centran preferentemente en el barroco y en el siglo XX.

Ha preparado la versión castellana de El teatro a la moda de Benedetto Marcello (2001) y es autor del libro Dante Alighieri y la música (2009).

 

 

1 Comentario

  1. ANIBAL BAÑADOS LIRA
    28/07/2017

    Estimado Stefano Russomanno:
    Madrid, verano de 2017
    He estado leyendo tu libro “La música invisible”, el cual he disfrutado mucho en una primera lectura, por la temática y por resultarme muy inspirador, ya que el libro proyecta Música por todos los rincones posibles e imaginables del pensamiento y de la realidad. Pretendo hacer luego una segunda lectura con más detalles y con material accesorio. Sin embargo, no he podido dejar de detenerme en una frase en la página 155, “en el caso de Berg, no se ha podido establecer relación alguna entre su nombre y el 23”.
    Siempre me ha parecido que hay que ser muy cautos con la numerología, ya que se puede a veces perder el tiempo, y que aquello de “buscad y encontraréis” puede contener un significado auto anulante, puesto que da a entender que se encontrará lo que uno busca. Algo similar ocurre en la farmacología, donde está comprobado el efecto placebo, que viene a ser parecido, ya que cada uno encuentra el efecto que buscaba. (Con todos mis respetos a la farmacología y la numerología, cuando sí conllevan hechos claros y reales).
    Así, tu frase “en el caso de Berg, no se ha podido establecer relación alguna entre su nombre y el 23” me motivó a demostrarme a mí mismo que si busco adecuadamente, encontraré todo tipo de relaciones entre BERG y el número 23. Era mi objetivo, auto afirmarme en que la numerología puede ser absurda, que siempre se encuentra algo, y no pretendía comunicar a nadie mi hallazgo.
    Mi sorpresa fue que, empezando con el mismo procedimiento que describes con el nombre BACH (letras nº 2 + 1 + 3 + 8 = 14), rápidamente llegué a lo siguiente:
    BERG => 2 + 5 + 18 + 7 (Evidentemente no se deben considerar como letras la CH, la Ñ ni la LL)
    El centro del nombre (B)ER(G) suma 23. Si le agregamos las dos letras extremas suma entonces 32. Es decir el nombre BERG no solo contiene el 23 en el centro, si no también el 32, su retrógrado. No estoy seguro si el alfabeto alemán coincide con el nuestro, pero me pareció que esto le hubiera hecho gracia a Berg, tan aficionado a los palíndromes y los retrógrados. Y por cierto, también me hizo gracia lo del 10 de noviembre, porque yo nací un 9 de noviembre.
    Mil disculpas por poner la lupa en un asunto tan accesorio, pero el primer sorprendido fui yo mismo. Seguiré disfrutando con la lectura y me fijaré más ahora en las Músicas invisibles.
    Un saludo,
    Aníbal Bañados
    Pianista. Conservatorio Adolfo Salazar de Madrid

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