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D’Annunzio: un letraherido ante el espejo

Editar a Gabriele d’Annunzio, un sueño acariciado desde hace años, llega a su cumplimiento en estas fechas, tras dos años de investigación y largos meses de trabajo mano a mano con la traductora, prologuista y editora de estas Crónicas literarias y autorretrato, Amelia Pérez de Villar.

Si, en palabras de Ricardo Menéndez Salmón, «la literatura no es un oficio, es una enfermedad» (palabras que nos recuerda otro letraherido como Enrique Vila-Matas en su espléndido Dietario voluble), la profesión de editor no es tal profesión, sino artesana dedicación, que tiene mucho de herida mal curada, de patológica obsesión intratable, y también mucho de dolencia crónica que se pretende curar, y tan solo logra agravarse (que no aliviarse) haciendo precisamente eso, editando.

Estos días, leyendo a Vila-Matas, me encuentro (no hay casualidades) con d’Annunzio: «esteta y superlativo admirador de Venecia, vate agotador y descomunal fascista», son los adjetivos que el escritor de aquel Dietario elige para referirse a Gabriele.

Pero la nota de este diario voluble que más me ha llamado la atención es la que aporta una pista importante para conocer algo más del autor de estas Crónicas literarias que hoy nos ocupan. Vila-Matas nos cuenta: «Gaetano Rapagnetta, que es el auténtico nombre de d’Annunzio, dicen que se volvió tan extremadamente esteticista debido a la repugnancia y vergüenza que le producía ese nombre».

Ahí están, indisociables, la herida y el espejo.

En su bien armado y espléndido prólogo, Amelia Pérez de Villar nos da cuenta de la poliédrica vida de d’Annunzio, periodista, poeta (conocido como «il Vate»), novelista, aviador, soldado, político y hasta precursor del ideario fascista. Podríamos decir que Gabriele persigue incansablemente a lo largo de su vida infinidad de espejos donde proyectar y exorcizar su herida, abierta desde muy joven y rastreable en estas Crónicas.

Una tarea a la que se consagra hasta alcanzar cotas titánicas, que pretenden perfilar, de forma apasionada, si no patológica, la figura del héroe, protagonizando andanzas, algunas casi temerarias (llega a perder un ojo en uno de sus raids aéreos), sin aparentemente lograr saciar su sed ni cicatrizar su mal.

Rescato aquí las palabras que a Blas Matamoro le inspiran la figura de este controvertido personaje:

«se creyó el único intérprete de su predestinación secreta, su vida profunda, su incomunicable verdad regida por normas sobrehumanas. Guerrero, combatiente del deporte, genio de la batalla, tuvo el gusto ultramasculino y violento de la poesía».

Editar a d’Annunzio, como toda empresa que persigue la gloria, ha supuesto asumir riesgos y afrontar ciertas dificultades. La primera de todas, la selección de los textos. D’Annunzio, a lo largo de su vida, fue un prolijo cronista, y colaboró en muchos diarios y revistas de la época, a finales del XIX y principios del XX.

Su producción periodística sobrepasa los miles de páginas, por lo que la selección no ha sido fácil. Hemos querido, en este primer volumen que acometemos (vendrán más), rescatar los retratos literarios en los que, a modo de espejo, Gabriele quiso reflejarse, aquellos poetas, novelistas y filósofos que más han influido en su obra. Ha sido el caso, por tanto, de Dante, Shelley, Tennyson, Zola y Nietzsche (con las sombras de Wagner y Carducci presentes a modo de bajo continuo). No podía falta ese autorretrato donde Gabriele, cóncavos y convexos, utiliza espejos donde simula y disimula una vida que pretende literaria y aventurera. La segunda dificultad, la traducción al español de la barroca, decadente y sobrecargada prosa de d’Annunzio, ha sido una ardua tarea que Amelia Pérez de Villar ha afrontado con valor y cuyo resultado juzgarán los lectores (vaya por delante que al editor le ha entusiasmado).

Finalmente, pero no menos importante, el cuidado de la edición: cuando imaginamos este libro quisimos desde el principio dotarle de cierta vida. Alguien como d’Annunzio, un letraherido obsesionado con los espejos, vive los años de esplendor de la fotografía como herramienta que va a revolucionar el imaginario colectivo en Occidente, los mismos años en los que las vanguardias, el futurismo, la velocidad y la aviación están transformando el mundo, la cultura y hasta la política. La «puesta en escena» es un arte que Gabriele supo calibrar y medir a la perfección, y no nos hemos resistido a rescatar algunas fotografías donde descubrimos algunas de las principales facetas vitales del personaje: como aviador, como militar, como estadista, o en sus retiros con sus perros.

En la tarea de lograr materiales originales para ilustrar estas Crónicas de d’Annunzio, el editor letraherido ha seguido el rastro del poeta de Pescara por librerías de viejo, filatelias y hasta tiendas de coleccionismo. Fruto de nuestras pesquisas fueron estos tres hallazgos: en La cova del coleccionisme, en el barrio de Gràcia de Barcelona, y gracias al buen olfato de Fernando Castillo, conseguimos una fotografía, retrato de paisano del poeta, en perfecto estado, procedente de un estudio fotográfico de Milán (sin fecha), y perteneciente al archivo fotográfico de la editorial Labor. Por otra parte, en una incursión por las filatelias situadas en torno a la Plaza Mayor de Madrid, localicé la serie completa (14 valores faciales) de los sellos de correos emitidos en Fiume, en los años 1919-1920, con la imagen del Vate impresa junto al lema Hic Manebimus Optime. Finalmente, gran parte de las fotografías que ilustran este libro proceden de un volumen de bibliofilia, editado en 1927 en Verona por Arnoldo Mondadori, cuya tirada constó de 300 ejemplares numerados a máquina y 500 a mano, que reúne documentos y materiales diversos sobre el plan de edición de la obra poética de d’Annunzio.

Esperamos que el resultado del trabajo de Amelia Pérez de Villar y de este letraherido editor que suscribe sea de vuestro agrado.

1 Comment

  • BJ Nabers
    Posted 19/09/2012 at 11:11

    I have written an article on Gabriele D’Annunzio, which is soon to be published (early 2013). I was asked to find some images of Gabriele D’Annunzio. While searching for them, I stumbled on your beautiful website. I would very much like to use two of the images that you exhibit on your website (and, if available in a larger format, also a third). I would be extremely happy if you could tell me whether it is possible to use these images and what I need to do in order not to violate copyright and so!

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