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Venecia: comienza el carnaval

Comienza el carnaval, y mis pensamientos y ensoñaciones se trasladan inevitablemente a Venecia. Comparto hoy con vosotros dos textos, bien diferentes, que tienen que ver con Venecia y su carnaval. Espero que os gusten.

El primero, un fragmento de La ciudad de los extravíos, un lúcido y ameno ensayo de Jaime Fernández, que nos sitúa en la Venecia que vivió Gustav von Aschenbach, el atormentado personaje fruto de la invención de Thomas Mann.

 

«Además de una ciudad acuática, Venecia es la capital europea del carnaval y de las mascaradas nocturnas. En ella nada es lo que parece de puertas hacia fuera, como pudo comprobar Aschenbach. La decadencia y la fealdad se cubren con el manto de la promesa de belleza y juventud. En su descenso al infierno del extravío, al menos tal como él lo entiende, el escritor alemán se rinde también ante las apariencias, e imitando al viejo disfrazado de joven que entrevió en el barco que lo condujo a Venecia, se maquilla el rostro para borrar las canas y las arrugas y mostrarse ante el adolescente deseado como un atractivo joven. No sabe que la peste ha anidado en su organismo y que bajo el disfraz juvenil se camufla la muerte, como en El mercader de Venecia el seductor cofrecillo de oro oculta la calavera. En la ciudad carnavalesca, el autor célebre, de prosa viril y argumento estilizado, que en el umbral de la senectud es admirado por los lectores burgueses, ennoblecido por el poder regio y estudiado por los escolares, se transforma en un viejo sensual, dispuesto a cortejar por las callejuelas de Venecia a un jovencito de buena familia. Pero la máscara de maquillaje y el tinte que disimula sus canas no será más que la mascarilla que anticipa su próxima muerte

 

El segundo, un extracto de un hermoso y fascinante libro que estoy leyendo estos días, La altana, de Henri de Régnier, recién aparecido en librerías.

 

«Pedid a Venecia no más que vuestro recreo. ¿Sois aficionados a los bellos juegos de luz sobre las piedras y las aguas? Os los ofrecerá. ¿Buscáis el silencio? Os lo dará. Venecia no se impone, se presta. Contentaos con ser felices con las bellezas que os propone. […] Venecia os ofrece la ocasión de abandonaros a todas vuestras fantasías de espíritu y corazón. Es un reposo, un desprendimiento momentáneo de lo que de ordinario nos ocupa. Es apropiada para ciertas horas de ensueño tierno o melancólico. Acogedlas si se os presentan. […] Obedeced a vuestra fantasía, al libre curso de vuestros pensamientos, a vuestros gustos. Dócilmente recoged las impresiones de belleza que experimentéis y no os vanagloriéis de ello. No sois ni el primero ni el último en sentirlas. Estar en Venecia no constituye un hecho extraordinario

 

Apetecibles, ¿verdad? ¿He picado vuestra curiosidad lectora? Si es así, estupendo. Creo que voy a mirar precios de vuelos, porque tengo mono de Venecia. ¿Os hace un café en el Quadri?

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