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Fútbol y libros: Tusquets o de la Melancolía

El pasado sábado 28 de abril, al comprar El País, hubo una noticia en la portada del periódico que frenó mi habitual acto reflejo que consiste en entresacar el suplemento Babelia y ponerme a leer la página de Manolo Rodríguez Rivero: La foto de Guardiola con lágrimas en los ojos y el pie de foto anunciando que el entrenador del Barça entregaba el testigo tras ganar 13 títulos.

 

Continúo leyendo El País. Las páginas 60 a 62 del periódico, en su sección de deportes, llevaban ese día un titular muy significativo: «Guardiolismo sin Guardiola». La marcha de Guardiola certifica, para los comentaristas deportivos, el fin de una era. «Un señor del fútbol», en palabras de J. Ernesto Ayala-Dip. En un cuadro adjunto de la página 61 se detallan las espectaculares cifras que el técnico azulgrana ha logrado para el Barça a lo largo de estos años. Aunque me parecen más interesantes las declaraciones extractadas del propio entrenador: «La decisión es personal»; «Tengo la sensación de la faena bien hecha» (fútbol y toros, vasos comunicantes); «Estos años han sido fútbol, fútbol y fútbol, pero la vida tiene que ser más cosas»; «Estoy vacío».

Las cifras están ahí. ¿Qué más se puede dar? Quizá esto parezca una sabia retirada a tiempo, aunque esta última declaración («Estoy vacío») me conmueve. Dejo este hilo abierto para retomarlo más adelante. Pero me hace reflexionar sobre el peso del triunfo, su lógica y sus esclavitudes.

 

El mismo día, en el mismo periódico. No hay menciones en portada. Tengo que ir hasta la página 42 para encontrar el siguiente titular en la edición en papel: «El editor independiente se quita el “in”». En la edición electrónica, en cambio, el título es distinto: «El editor independiente busca refugio». La noticia de la entrada de Planeta en Tusquets, según los periodistas firmantes del artículo (Winston Manrique y Carles Geli) implica lo siguiente:

 

-«pone fin a una era de autonomía en los sellos clásicos de tamaño medio»;

-«está cerca de poner el punto y final a la existencia de selles independientes de corte literario y volumen de negocio medio que no estén bajo un paraguas que pueda darles cobertura logística»;

-«reabre el debate sobre el futuro de la pequeña edición».

 

Puestas y contadas así las cosas, parece que la decisión de Beatriz de Moura pone fin también a una era, pero no la de Tusquets, sino la de la edición independiente: la edición independiente sin Tusquets.

 

¿Por qué esta afición a titulares apocalípticos y sensacionales, rotundos como aldabonazos, tremendos como cañonazos? ¿Por qué hay tanto enterrador para tan poco cadáver? ¿Por qué el debate sobre el futuro de la edición independiente se abre y reabre constantemente e interesa tanto a quienes tan poco dan por ella? ¿Por qué la bandera de la independencia molesta tanto a unos o enorgullece tanto a otros?

 

El artículo de C. Geli, en el que entrevista a la propia Beatriz de Moura, se titula «No estaba dispuesta a echar más de 43 años por la borda», y de él entresaco estas frases:

 

-«yo sigo independiente; a mí no me ha comprado nadie»;

-acuerdo de asociación entre Tusquets y Planeta Corporación;

-Planeta entra en el accionariado de Tusquets;

-«me he quitado un peso de encima, porque soy responsable de 24 personas con sus sueldos»;

-«yo quiero que Tusquets viva y me sobreviva»;

-«una editorial mediana independiente tiene hoy los días contados si no te blindas»;

-«nuestra distribución es obsoleta»;

-caída de las ventas;

-«el lector de Tusquets no notará nada».

 

No creo que la decisión haya sido fácil, ni para Guardiola ni para de Moura. Lo curioso es que ambas noticias parecen subrayar el fin de una era, tras una larga marcha de triunfos. De fútbol no entiendo, así que vuelvo a esto de los libros, que es lo mío. Me llama la atención que tanto en el artículo sobre la operación de Tusquets, como en las declaraciones de la editora de Moura, se repita y subraye el tema de la logística y de la distribución, de tal forma que parece que ha sido determinante en la toma de su decisión.

¿Tal mal le ha ido a Tusquets en estos años con su «distribución obsoleta» como para prescindir de ella ahora? En los triunfos de los últimos años de Tusquets, que tanto enorgullecen a su editora, algo habrá tenido que ver esa «distribución obsoleta». Pero parece que ha llegado «el fin de los tiempos». La crisis, en el horizonte. Pero la crisis nos está castigando a todos. Quizá, más que la crisis, el miedo. O, de nuevo, las esclavitudes del triunfo.

 

¿Qué tiene el triunfo que tanto fascina, que tanto poder ejerce sobre nosotros? ¿Por qué nos da tanto pánico el fracaso? ¿Por qué necesitamos dejar todo atado y bien atado? Asistir a la despedida o aparente fin de dos titanes el mismo día es impactante, sobre todo cuando ese fin tiene algo de puesta en escena, de decisión calculada, de retirada a tiempo, de no morir con las botas puestas.

 

¿El futuro de la edición independiente pasa por la logística y la distribución? El editor faraón sigue fascinado por las pirámides de libros, como si fuesen la garantía de su permanencia en el tiempo y en la historia, como si la distribución «no obsoleta» garantizase el futuro y las ventas, la permanencia de la identidad de los sellos editoriales. Yo pensé que ese futuro tenía que ver más con la calidad de su catálogo.

 

Los faraones vivían obsesionados por su otra vida, por el futuro de su memoria, y dedicaban tiempo y energía para dejar todo atado y bien atado. Paradoja: el Valle de los Reyes es solo eso, un cementerio, esquilmado y robado durante siglos, fagocitado por la arena del desierto.

 

Leo estos días sobre la generación del 98. Laín Entralgo supo rastrear la poética del fracaso en autores como Unamuno, Azorín, Baroja o Valle-Inclán,  y desgranó las dos reacciones posibles ante aquél: el resentimiento o la esperanza. «Vivir humanamente es ir fracasando e ir esperando: fracasamos porque somos limitados y queremos no serlo; esperamos porque, siendo limitados, advertimos con nuestros ensueños la posibilidad de trascender un día la cáscara de nuestra propia limitación».

 

La noticia sobre Tusquets, confieso, me entristeció. Ayer quise pasear por la Feria del libro antiguo y de ocasión del paseo de Recoletos, pero la afición blanca del Real Madrid, en los fastos de su triunfo de Liga 2012, me lo impidió: los bouquinistas cerraron pronto ante la avalancha de aficionados concentrados en los alrededores de Cibeles. Fútbol y libros, libros o fútbol.

Hoy, llueve, y me zambullo en la melancolía. Escucho el «Cuarteto para el fin del tiempo», movimiento V, de Olivier Messiaen.  Así seguiré soñando con el futuro de Fórcola, es decir, con su catálogo. Y es que, como Gaurdiola con su frase «estos años han sido fútbol, fútbol y fútbol», estoy convencido de que el futuro de la edición independiente pasa por «catálogo, catálogo, catálogo», como los gloriosos años que convirtieron a Tusquets en lo que ha sido, ¿hasta ahora?

Mis respetos, querida Beatriz.

1 Comment

  • Carmen Hercas
    Posted 04/05/2012 at 16:57

    A lo mejor el problema es que ya no era tan independiente como se decía.

    El mundo podrá sobrevivir (tal vez) sin libros, pero no sin palabras, sin historias, sin textos.

    Mis respetos para Beatriz, por lo que logró por la edición contemporánea en España, pero sobre todo presento mis respetos ante los editores (muchos, geniales y trabajadores) que pelean por que los buenos textos lleguen a sus lectores, pese al horizonte (siempre) incierto y los augurios apocalípticos.

    “Fracasa otra vez. Fracasa mejor”

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