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La rentrée de Fórcola

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El escritor y periodista Luis de León publica Los durmientes, número 4 de nuestra colección Fórcola/Ficciones. Una inquietante novela que desvela uno de los episodios menos conocidos de nuestra historia contemporánea: El olvido de los leales y la memoria de los traidores, en una trama donde agentes dobles, los servicios de espionaje soviéticos y la diplomacia vaticana cruzan sus caminos en los años de la dolce vita romana y la Transición española.

Rosa es una historiadora treintañera que recibe el encargo de escribir la biografía de un personaje de segundo orden de la Transición española, Jaime Monasterio, padre de su amiga Paloma, cuyas memorias le facilita ésta. Rosa descubrirá que su rutinaria tarea es un pretexto para ayudar a la desarticulación de una célula de agentes durmientes al servicio del espionaje ruso, surgida entre las amistades del padre de su amiga. La historiadora, convertida en informante del servicio secreto, descubrirá que un mundo sin traiciones es un escenario sin cambios como lee en las fascinantes memorias de Jaime Monasterio, donde no faltan menciones a Ramón Serrano Súñer, Benito Mussolini, Alessandro Pavolini, Dionisio Ridruejo, Edgar Neville, el rey Faruk de Egipto, José María de Areilza o Adolfo Suárez. Por contra, en su cometido, Rosa comprenderá que vive en un estado de hibernación, personal y laboral. A diferencia de los espías de la red que tiene que descubrir, Rosa lleva una vida rota, hecha de relaciones con hombres equivocados, carencias familiares y trabajos eventuales, en una soledad donde ni siquiera puede aspirar a la categoría de bella durmiente, a la espera del amor que la despierte.

Con prólogo de Ignacio Peyró y en traducción de Amelia Pérez de Villar, publicamos por primera vez en español las Crónicas de la Primera Guerra Mundial, del escritor y poeta británico Rudyard Kipling. Tanto Francia en guerra (1915) como La guerra en las montañas (1917), sus crónicas publicadas por entregas en el Daily Telegraph y en la prensa norteamericana, responden con obediencia al propósito de la Administración británica, y comparten el mismo fondo: la visión del campo de batalla como «la frontera de la civilización» que separa a «alemanes y seres humanos». La efectividad del celo propagandístico de Kipling fue indiscutible, aunque no deja de suscitar importantes interrogantes de fondo sobre las relaciones entre literatura y propaganda.

De esta manera, Kipling no sólo cosifica y demoniza al enemigo común, alentando el odio, sino que subraya la altura histórica de la misión conjunta de los Aliados, erradicar a «los bárbaros», y su obligada unidad ante una Alemania «que nos ha enseñado lo que es el Mal».

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