Amor por el paisaje español: Fórcola visita Valladolid y Zaragoza.

Un libro: Imagen del paisaje, y un autor, Eduardo Martínez de Pisón, protagonizan los últimos viajes y presentaciones que hemos hecho por España de la colección Periplos y Fórcola. Valladolid y Zaragoza han sido en esta ocasión las ciudades elegidas. Casa del Libro de Valladolid y Cálamo, las dos librerías que nos han acogido con calor. Y muchos los amigos que en ambas citas nos han acompañado.

De izq. a dcha: Javier Fórcola, Enrique Serrano, EMP y Ernesto Escapa en Casa del Libro de Valladolid

Empecemos por Valladolid, donde tuvimos oportunidad de compartir mesa con Ernesto Escapa, crítico literario y periodista, autor de un hermoso libro (Corazón de roble), y con Enrique Serrano Cañadas, Catedrático de Geografía Física de la Univ. de Valladolid.

 

En la Casa del Libro, y gracias a la buena acogida de Iris Riballo y Noelia San José, organizamos esta mesa redonda en torno a Eduardo Martínez de Pisón y su libro sobre el paisaje en la Generación del 98 y Ortega y Gasset.

De izq. a dcha: Enrique Serrano, Eduardo Martínez de Pisón y Ernesto Escapa. CdL

 

En palabras de Enrique Serrano, el libro de Eduardo Martínez de Pisón está transido de una transversalidad humanista.

Para Ernesto Escapa, además, es un libro de madurez, fruto de la experiencia, y decantador de saberes y sabiduría. No hay lugar a dudas de la pasión por el paisaje, su idea y su plasmación artística por parte de este pensador geógrafo.

El propio Eduardo, en su intervención, aludió a que este libro surge en su trayectoria intelectual como «la luz del mundo», como esa experiencia primera donde el autor da cuenta de sus «propias raíces», de ahí el marcado carácter autobiográfico del mismo.

Citando a Unamuno, Eduardo nos recuerda la importancia biográfica que para cada uno de nosotros tiene el paisaje: «el paisaje tiene alma, y mi alma tiene paisaje». Una plasmación de cómo entre el paisaje y yo se establece una interdependencia vital.

En el centro, Eduardo Martínez de Pisón. CdL

Si tomamos conciencia de la importancia del paisaje para nuestra vida y el sentido de la misma, continuó Eduardo, lograremos marcar la diferencia entre el «ir» y el «llegar» a un lugar. En el viaje no importa tanto llegar, como ir yendo, como contemplar el paisaje por el que uno camina, en definitiva, tomar conciencia uno mismo de su condición de viajero. Si no, seremos simples turistas de la vida.

El olvido de la importancia del paisaje para nuestra vida, concluyó Eduardo, es la tónica de las actuaciones de los políticos sobre los paisajes españoles, presididas por la codicia y la ignorancia.

Nuestra siguiente parada en el viaje fue Zaragoza.

Eduardo Martínez de Pisón junto a Eduardo Viñuales, en Librería Cálamo

Destino: librería Cálamo. Nuestro anfitrión: Paco Goyanes. Y nuestro compañero de mesa, Eduardo Viñuales, escritor, periodista y naturalista. Con la presencia de buenos amigos, como Antón Castro y José Luis Melero, Eduardo Martínez de Pisón logró transmitirnos el espíritu de su libro: reavivar la llama de la pasión de la generación del 98 por el paisaje español. Su trabajo, afirma Eduardo, simplemente ha sido el de seleccionar, ordenas y comentar las reflexiones y visiones del paisaje que plasmaron en sus libros Unamuno, Azorín o Machado, entre otros.

Se trata de transmitir la idea y el sentir del paisaje español, una realidad tangible e intangible a la vez. Y ello con un lenguaje moderadamente asequible para cualquier tipo de lector.

Eduardo Martínez de Pisón, junto a José Luis Melero y Antón Castro en los sillones de Cálamo

El objetivo del libro, que nos quedó claro a todos los presentes, es uno muy concreto: invitar a la lectura de los libros de aquellos escritores. «Se trata de que la gente lea a Unamuno», subrayó Eduardo.  Leer a Unamuno o a otros, para saber leer un paisaje, con el que cada uno de nosotros puede establecer una forma de reciprocidad. Se trata de recuperar la sensibilidad para saber entender y descubrir el sentido de un paisaje y el sentido que tiene para mi.

Eduardo nos habló de la mirada inocente que sobre el paisaje tuvieron aquellos escritores; nos habló de la «geografía emotiva» de Machado, de esa mirada sensible atenta al paisaje y su sentido de Unamuno. No así en Valle Inclán, cuya experiencia del paisaje se reduce a la niebla y la noche, digamos, el «no-paisaje».

De nuevo, una velada deliciosa, que tuvo a bien reseñar nuestro querido Antón Castro en su columna del Heraldo.

 

Gracias a todos los que nos acompañasteis en sendas ciudades/librerías. Y gracias a los lectores que ya atesora Imagen del paisaje, un libro que cada vez gusta más.

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