D’Annunzio en Tipos Infames

Nuestras expectativas se vieron gratamente superadas. La presentación de las Crónicas literarias de Gabriele d’Annunzio ayer, en la librería Tipos Infames, no solo contó con unos anfitriones de lujo, Luis Alberto de Cuenca, poeta y traductor, y la propia Amelia Pérez de Villar, traductora y prologuista de excepción para la edición de esta selección de crónicas periodísticas del d’Annunzio más desconocido para el público español; además, contamos con un numeroso público entregado y atento a las palabras de nuestros anfitriones.

Desde un principio los ponentes dejaron claro que la figura de d’Annunzio no es fácil de abordar en una primera aproximación, sin caer en los traicioneros acantilados del tópico y el lugar común: «decadentismo» o «fascismo» son etiquetas que, en los días pasados, varios periodistas han subrayado en sus respectivos artículos al comentar la aparición de este libro. Para hacer frente al tópico y romper este cóncavo espejo en el que el reflejo de d’Annunzio queda truncado, manco y deforme, Luis Alberto de Cuenca aclaró en sus primeras palabras que no podemos considerar fascista a d’Annunzio, precisamente porque el fascismo se inspiró en él: más que seguir a Mussolini, fue «il Duce» quien siguió a «il Vate».

Una fama que no hace justicia al polifacético poeta italiano, quien, como aclara Amelia Pérez de Villar en su extenso y detallado prólogo, fue novelista, dramaturgo, militar, aviador, poeta e irredento mujeriego. D’Annunzio, a pesar de su cercanía al poder del momento, aclaró Luis Alberto de Cuenca, vivió el mismo tipo de exilio interior que autores españoles como Agustín de Foxá o Dionisio Ridruejo, relegados en su momento por el poder al que en un principio encumbraron. El exilio de d’Annunzio, claro, fue un poco distinto, en ese retiro dorado de Il Vittoriale, donde el poeta, ya príncipe, vivió sus últimos días rodeado de arte, belleza, cocaína y hermosas mujeres.

En cuanto a la actualidad de la obra y del personaje, Luis Alberto de Cuenca nos recordó a los asistentes que en los planes de estudio en Italia, d’Annunzio figura como un autor de relevancia, ocupando el lugar que aquí se destina, por ejemplo, a Ruben Darío: ambos poetas y creadores de lenguaje. En cambio, en España, asociado a lo peor de la literatura fascista desde hace años, tampoco fue querido en su momento: fue vilipendiado por el régimen de Franco por sus devaneos con el naturalismo de Zola y censurado por un erotismo, barroco y seductor, que no se entendió en aquellas décadas. Quizá vivamos hoy, gracias a la aparición de estas Crónicas literarias y de la novela El triunfo de la muerte (Alfabia, 2011), un risorgimento de la obra de «il Vate».

 

En esta velada d’annunziana hubo un lugar especial dedicado a la labor del traductor. En mi intervención tuve ocasión de recordar el talante y vocación europeístas de d’Annunzio, algo que comparte con él el propio Luis Alberto de Cuenca, que además de poeta es un admirado traductor, entre otros, del Cantar de Valtario, o de la Poesía completa de Guillermo de Aquitania, tierra de trovadores:

«Compañeros, haré un poema como es debido;

habrá en él más locura que buen juicio,

y será todo él una mezcla de amor, de gozo y

juventud».

 

Sin olvidarnos de la mágica tierra artúrica, fuente de inspiración a poetas como Tennyson, comentado por d’Annunzio en estas Crónicas literarias, y tan querido por Luis Alberto de Cuenca, de quien tradujo su poema «The Lady of Shalott». Arturo, rey aglutinador de las virtudes de una raza y, por extensión, de los ideales de Occidente, ha poblado los sueños de infinidad de generaciones, desde aquella breve descripción de Geoffrey de Monmouth, de quien Luis Alberto de Cuenca tradujo hace ya años su Historia de los reyes de Britania.

 

A propósito del noble oficio de la traducción rescaté para los presentes este fragmento de un poema de Luis Alberto de Cuenca, «Filología y vida» (de Luces y sombras, en Sin miedo ni esperanza), que vino a cuento de lo que se hablaba, y donde el poeta deja hablar al traductor y al filólogo:

 

«Filología, ¿para qué?», preguntas

mientras clavas en mí feroz pupila,

cargada de insidioso nihilismo.

Te lo explico. No entiendes mi respuesta.

Te da igual que los textos se publiquen

bien o mal, no te importa en absoluto

que un clásico se entienda, o que la gente

lea el Quijote tal y como quiso

su autor que lo leyéramos, sin una

sola coma dudosa ni un pasaje

desesperado.»

Todo traductor que respete su oficio acepta humildemente su condición de artista. Así, la intervención de Amelia Pérez de Villar nos ilustró sobre algunos aspectos de su oficio de traductora, que tiene mucho de artesano, y también de atinado cirujano, cuando el texto a traducir se rebela o complica, para lo que se precisa tino y buen hacer. Trasladar al español los textos d’annunzianos elegidos para esta edición no ha sido, en opinión de Amelia Pérez de Villar, tan difícil, precisamente porque d’Annunzio es un magnífico escritor.

La experiencia previa de Amelia Pérez de Villar me decidió a elegirla como mejor candidata para abordar esta tarea. Su buen hacer con el árido Harold Bloom de Ensayistas y profetas, el canon del ensayo, y sobre todo, su sensibilidad y cuidadoso arte a la hora de editar Escribir ficción, de Edith Wharton, me hicieron comprender que Amelia era la traductora perfecta para abordar la edición de este libro.

 

Algunos de los detalles del proceso de traducción y edición de este libro compartió Amelia Pérez de Villar con los asistentes, dando el broche de oro a una velada d’annunziana que recordaremos con emoción.

Fue un privilegio y un honor tener a estos anfitriones en esta velada d’annunziana. Y, de nuevo, un placer sentirnos tan arropados y acogidos en la librería Tipos Infames. Gracias a todos los que pudisteis asistir.

2 comentarios en “D’Annunzio en Tipos Infames”

  1. Muchas gracias, Javier, por tan generosas palabras, y también a Luis Alberto de Cuenca por acompañarnos y guiarnos en esta puesta de largo de las Crónicas de d’Annunzio en Madrid. Es un honor formar parte de un proyecto como tu editorial, basado en la honestidad y en el trabajo, y una alegría haber aportado un granito de arena para mostrar el público español contemporáneo una figura desconocida que, me vas a permitir, no diré que hemos “recuperado”: podíamos haberla recuperado con olor a naftalina y eso a mí personalmente no me dejaría satisfecha, creo que a tí tampoco. Tengo la impresión de que el acierto de tu apuesta ha sido mostrar a un d’Annunzio intemporal y vigente: parece que así lo ha manifestado la crítica. Ahora, el tiempo y los lectores tienen la última palabra. Porque como dijo Corneille, “Conquistar sin riesgo es triunfar sin gloria”.

  2. Pingback: Gabriele d’Annunzio, el trueno que no cesa | De libros y de hojas

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