El sueño de Tahití

Viajeros en busca de la última aventura

Esta es la historia de algunos atípicos viajeros –Sterling Hayden, Josep Maria de Sagarra, Zane Grey, Friedrich W. Murnau, Victor Segalen, Rupert Brooke, Robert Gibbings o Henri Matisse– a quienes el azar o el sueño llevó a los Mares Ver más del Sur, a la Polinesia, como en busca de una Arcadia mítica. Hermanados por el espejismo tahitiano, todos ellos tuvieron algo de beachcombers –mito complementario al de la vahiné tahitiana–: especie de vagabundos de las islas, disolutos, para quienes Tahití era un irrefrenable anhelo y el viaje a aquellas latitudes una verdadera peregrinación. Mientras tanto, algunas escritoras expatriadas a estas islas, como Aurora Bertrana o Elsa Triolet, redefinirán lo exótico como cotidiano Ver menos

Ficha técnica


Colección: Periplos

Número de Colección: 56


Tema: Literatura de viajes

Papel

ISBN: 978-84-17425-07-4

Número de edición: 1

Fecha de edición: 29-08-2022

Número de páginas: 464

Dimensiones: 210 x 130 mm

Esta es la historia de algunos atípicos viajeros (Sterling Hayden, Josep Maria de Sagarra, Zane Grey, Friedrich W. Murnau, Victor Segalen, Rupert Brooke, Robert Gibbings o Henri Matisse) a quienes el azar o el sueño llevó a los Mares del Sur, a la Polinesia, como en busca de una Arcadia mítica. Hermanados por el espejismo tahitiano, todos ellos tuvieron algo de beachcombers (mito complementario al de la vahiné tahitiana): especie de vagabundos de las islas, disolutos, para quienes Tahití era un irrefrenable anhelo y el viaje a aquellas latitudes una verdadera peregrinación. Mientras tanto, algunas escritoras expatriadas a estas islas, como Aurora Bertrana o Elsa Triolet, redefinirán lo exótico como cotidiano. Este singular libro parte de un breve viaje de su autor, y de un largo periplo como lector (el viaje a otros viajes) con el que Alejandro J. Ratia teje un cuadro polifónico en el que los caminos de sus personajes se entrecruzan. Se trata de un periodo (primera mitad del siglo XX) en que convivían la exaltación del exotismo y la crítica al modelo colonial, tiempos en que viajar hasta Tahití o Bora Bora no era ya aventura alguna, nada comparable a los relatos fundacionales de Bougainville, Cook y Wallis, cuando aquel país (anticipado por fabulaciones y poemas) apareció de repente como un sueño hecho realidad, una maravilla que corría el peligro de esfumarse al tocarla. Era el destino perfecto, paraíso del sexo, donde se vivía sin trabajar y la comida brotaba de los árboles. De la cultura tahitiana aún quedaban los rescoldos cuando recalaron por allí Stevenson, Gauguin o Pierre Loti, pero el sueño polinesio se había reconvertido ya en un mito paradójico, respecto al espíritu explorador o el impulso predatorio. El universo mítico que rodea a Tahití, como viaje de ida y vuelta, será el destino perfecto no tanto del emprendedor aventurero como del soñador y disoluto, preso de la tentación de la indolencia. Pocos de los personajes retratados por Ratia se decidieron a morir allí. Todos llegaron a tiempo de abordar una arqueología de la aventura. Tahití es ese lugar al que se planea viajar para encontrarse de vuelta en casa.

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