El rey de la rumba

Rosa Massagué / Política&Prosa, 17 de abril de 2026

Una autobiografía de la que no hace falta fiarse al cien por cien es Yo, Cugat. Autobiografía del rey de la rumba (Fórcola, 2026), es decir, la vida de este personaje irrepetible y sin embargo entrañable que fue Xavier Cugat. La obra se había publicado en 1981 con la ayuda de Enric Sabater que había sido secretario de Salvador Dalí y que había publicado la autobiografía de otro ampurdanés internacional y también excesivo, como era el pintor. En las memorias de Cugat, escritas al final de su vida, existen pocos datos cronológicos, lo que facilita lo que Jordi Puntí, autor de la novela Confeti sobre el músico, define como Galería de los Recuerdos Inventados. Sin embargo, están llenas de aventuras y anécdotas que las hacen muy lectoras en las que, como dice el prologuista David Felipe Arranz, se mezcla la socarronería ampurdanesa con la tradición cómica anglosajona.

Nacido con el siglo XX, cuando apenas tenía cuatro años, la familia Cugat emigró a América y se estableció en La Habana. Cuando tenía seis, los Reyes Magos le trajeron un violín. A nueve años debutó en un cine acompañando con la música las películas mudas y pocos años después entró en la Orquesta Sinfónica del Teatro Nacional de Cuba llevando todavía pantalón corto.

Instalado en Nueva York, tuvo buenos maestros y se preparaba para ser un gran virtuoso del violín, pero el concierto que debía coronarlo tuvo malas críticas y ahí acabó el violinista clásico. En Hollywood, se convirtió en caricaturista de Los Angeles Times , pero pronto entró en el mundo del cine hablado, que estaba en pañales. Recuperó el violín y se convirtió en una figura imprescindible de la música ligera y en el introductor de ritmos latinos en Estados Unidos, la rumba, la conga, el mambo, la samba y el chachacha. Cugie aparecía en el cine, en las más famosas salas como la del Waldorf-Astoria en Nueva York, hacía giras internacionales con su orquesta, grababa discos uno tras otro y dibujaba a los famosos.

Por las páginas de la autobiografía desfilan –y son testigo una extensa colección de fotos– todas las grandes estrellas del show business del momento, por ejemplo Frank Sinatra que escribe un breve prefacio. Cugat Habla de sus cinco esposas con respeto, pero también con un tufo de operación comercial, porque a todas las convirtió en estrellas. Se ríe del peluquín que llevaba y lamenta que a España no le hubieran hecho caso cuando decía cómo había que modernizar Televisión Española ni que no hubiera sacado adelante un proyecto que tenía para convertir a Ibiza en una especie de Las Vegas insular. Afortunadamente.

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