A mis amigos

Aurelio M. Seco / Codalario, 30 de agosto de 2026

En A mis amigos, Richard Wagner nos ofrece una justificación ética y filosófica de su música haciendo autobiografía. Resulta asombrosa esta capacidad, que el genial compositor de óperas practicó durante toda su vida a través de importantes e influyentes escritos, no siempre bien comprendidos, que trataban de explicar una intencionalidad poética que, en el libro que comentamos, el propio Wagner reconoce fue a veces haciéndose según las circunstancias sin resultar tan consciente como seguramente muchos de sus hagiógrafos aseguran. «A la hora de seleccionar el material de Tannhäuser procedí sin reflexión y […] alimenté así una aparición sensible hacia la que me sentía llamado por una decisión imprevista, sin una conciencia crítica […]. Con La sarracena estuve a punto de volver más o menos a la dirección de mi Rienzi, componiendo una gran ópera histórica en cinco actos. Pero el ser individual abrumador del material de Tannhäuser, tan cargado de energía, me mantuvo en la certeza del nuevo rumbo y su necesidad», explica Wagner únicamente a sus amigos.

   Wagner necesita que se le entienda, cosa difícil, y critica a sus enemigos los críticos, que detesta y que, ni le comprenden por falta de amor, ni son capaces de asumir las contradicciones de su pensamiento, sin en realidad darse cuenta el compositor de que las justificaciones sobran cuando la metafísica se mezcla con la singularidad de un genio, Idea que Wagner también expresa, a nuestro juicio con singular acierto, aunque acudiendo a Dios o la Naturaleza para explicar la grandeza inexplicable. También nos habla de la música como un «lenguaje universal», dando a esta noción un poder discutible que nos ha llegado hasta hoy, hasta el punto de que casi no hay músico que no la exprese como cosa obvia y cierta.

   Para Wagner «El deleite artístico llega sólo a traves del sentimiento, no a traves de una razón que combina cosas acontemporáneas», siendo la afirmacion confusa. «El artista se dirige hacia el sentimiento y no hacia el entendimiento», explica el compositor, una aseveracion que se ha extendido como la pólvora y que hoy firmaría mucha gente, sin quizás entender la necesidad conjugada de ambos aspectos, a saber: que no se puede «sentimentar» sin «entender» de alguna forma siquiera algo de lo que se siente.

   En este uso ideológico, nos parece brillante, por lumínica, la noción de «Obra de arte absoluta», caracterizada por ser pensada «al margen del tiempo, del espacio y de cualquier otra circunstancia concreta. Es decir: podría haberse compuesto hace dos mil años en la democracia ateniense y seguir representándose hoy en las corte prusiana de Potsdam», nos dice Wagner, poniéndose ligeramente sustantivo.

    Resulta obvio en el escrito su familiaridad con la filosofía, en concreto la de Nietsche, usando de forma personal el concepto de «Lo monumental» en arte, que el filósofo criticó más tarde aludiendo intempestivamente a la Historia, por lo que no sabemos si la influencia fue en una u otra dirección. Lo que sí podemos asegurar es que muchas de las ambiguas ideas expresadas por Wagner en el libro, como su crítica de «Lo monumental» o la «moda», pueden no haberse entendido bien con posterioridad, por ejemplo en el seno de las denominadas vanguardias del siglo XX, o hablando de la propia Idea de Vanguardia. Creemos que desde el punto de vista del autor de Lohengrin y El holandés errante, primera partitura de su revolución, el mérito en realidad no está en buscar lo novedoso como medio sino en obtenerlo un poco sin querer, como resultancia misteriosa final en la que resulta importante el profundo estudio técnico-institucional.

   En su escrito, al hablar de Lo monumental, Wagner podría estar criticando y con razón el arte encapsulado en el tiempo, fetichizado, para desgracia de «historicismos», proponiendo  la vida como criterio contra el monumento sacro. Así, nos dice que «El que juzga una aparicion sensible por su evolución histórica se las tiene que ver con contradicciones cuando tal evolucion se libera del espacio y del tiempo. […] . Y pone en duda el concepto sociológico de «moda», que hoy creemos coordinable con el de «cultura», tambien con razón, porque consideramos que moda y cultura van de la mano por un camino diferente a la verdad catártica que encierra «lo artístico». 

    Al compositor le preocupaba la escasa recepción que tenían sus primeros títulos, sin darse cuenta, quizás, que lo único que ha cambiado a la hora de encumbrarle como genio de masas es, precisamente, la sacralización monumental y de moda en la que ya se ha situado él con justicia, por calidad de genio. El arte, así en general, para Wagner tiene un componente femenino, aislado de la vida y moderno, y uno masculino, cierta fuerza que toma su aliento de la propia vida y que engendra el arte. El poema es el hombre que fecunda y, la música, la mujer.

 En el libro hay confesiones interesantes, como la del reconocimiento de algunas carencias técnicas, afirmación que poco más que quiere decir que su «progresismo» fue diferente al de Brahms. Es interesante observar la autobiografía y cómo la describe con talento de buen literato, hablándonos de la esencia de la música y de la suya personal, de sus arreglos de partituras de Halévy y los compositores que más le influyeron e inspiraron, como Beethoven o Weber. Nos sorprende su aparente sinceridad escribiendo y su huida del arte entendido como «entretenimiento evasivo», su ingenua Idea de «Amor romántico» y su casi metafísico concepto de «amistad» (Wagner parece exigir de sus amigos comprensión absoluta y perdón infinito), del que salva con gloria a Liszt, su maravilloso amigo.

   También nos habla de sus planes para hacer un gran festival en el que mostrar a su manera las cuatro sesiones de su Tetralogía. ¿Pero por qué la gente sigue yendo al famoso y cada vez menos importante Festival de Bayreuth? ¿Por amor verdadero a la música de Wagner? ¿Por estatus? ¿Por entretenimiento culto? ¿Para entender el «fenómeno Wagner», que ha llegado hasta nosotros como uno de los más importantes artistas que han existido? «Con este comunicado que estoy dando aquí a mis amigos siento que he satisfecho el impulso que me llevó a escribir, pues podré decirme que, si alguien no me entiende, o ante todas estas situaciones no me puede entender, es porque no….quiere».

   Un comunicado a mis amigos, que fue publicado por primera vez en 1852 en alemán, puede leerse en español desde 2025 gracias a la editorial Fórcola, con un bonito prólogo de Miguel Ángel González Barrio, de la Asociacion Wagneriana de Madrid, y una adecuada edición y traducción de Alfonso Lombada Sánchez. Se cambia el título y se pone «A mis amigos», en lugar de «Una comunicación a mis amigos», cosa que nosotros no habriamos hecho en una primera versión en nuestro idioma, por no contribuir a confundir al lector sobre el título original, y porque la semántica de uno y otro podría entenderse con matices diferentes. Pero este es un detalle menor en un libro importante.

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