Franz Blei y El canon del modernismo

Juan Ángel Juristo / Libros, nocturnidad y… 6 de julio de 2026

Desde la sombra: así podría resumirse la actitud que Franz Blei (Viena, 1871- Long Island, NY, 1942) tuvo ante su labor como crítico, al modo de Walter Benjamin y si me apuran de un Karl Kraus ante uno de los  oficios más exhibicionistas del mundo: el periodismo. En cierta manera y de la forma más elegante, fue el descubridor de Robert Musil, Joseph Roth y una revista creada por él dio a conocer los primeros escritos de Franz Kafka e incluso publicó La metamorfosis y, last but not least, a Robert Walser. Sólo por eso merece ser uno de los grandes de la crítica del siglo pasado, amén del reguero de revistas literarias que creó y que muchas no pasaron de los primeros números. Pero gracias a ellas, en la llamada y nunca bien ponderada Centroeuropa, se pudo leer a Paul Claudel y a André Gide y se ponderó con cierta corrección a Miguel de Unamuno, de quién hace un soberbio retrato y donde le llama “nadaista” en vez de nihilista, que para Blei debía sonar a ruso.

Porque, además, Blei fue un enorme retratista, de los que diseccionan desde dentro, más al modo, para que nos entendamos, de Juan Ramón Jiménez que de Ramón Gómez de la Serna y en cierto modo podría afirmarse que es ahí donde brilla con enormidad porque en una sola frase es capaz de definir un personaje. Por eso Javier Jiménez, en el prólogo al libro de Franz Blei que ha publicado en su editorial le llama “el retratista retratado”. Del estilo de Joseph Roth escribe: “Cabe decir que el realismo de la expresión verbal, como si de una especie de hiperrealismo se tratara, lo elevaba por encima de las demás realidades” …  Sobre Audrey Beardsley: “Existe una viñeta de Beardsley que conviene no olvidar. En ella, Pierrot, Su Alteza Serenísima de la Luna, la deidad melancólica y exuberante del decadente auge de nuestras artes, cabalga a lomos de su corcel alado, disponiéndose a ascender al Parnaso. Al pie dice: “Ne Iuppiter quidem omnibus placet” (Ni siquiera Júpiter agrada a todos)” … En el retrato de Casanova, parecen definitivas estas palabras que resumen con cierta justicia a las ilustradas del momento: “La conciencia que las mujeres tienen de su poder, se vuelve delirio, como el de aquella dama que consuela a una amiga que se ha perdido el eclipse solar: “Descuida. Estoy en trato con el señor Canini. Hará que el episodio se repita”.

Hay en estos retratos un sentido de la ligereza que revela al vienés y lo aleja de cierta rigidez germánica. Y esta característica es la que ha resaltado su editor y autor de la introducción, al publicar el primer libro que se traduce de Franz Blei al castellano, existe una traducción catalana de Ludwina, un fragmento mayor de esta novela que escribió Blei… Con prólogo de Robert Musil y en traducción de Richard Gross esta primera traducción de la producción de Blei al castellano no deja de tener una importancia esencial y en cierta manera me recuerda a aquellos libros imprescindibles que se editaban en España a finales de los setenta, restableciendo una normalidad que la censura abortaba una y otra vez. Ahora no se trata de censura política sino de ignorancia pura y simple. Robert Musil, un autor de cuya principal obra, cuando se publicó entre nosotros, nos hicimos un eco más que obligado, dice de Blei en el Prólogo: “Siempre es menos importante iluminar la figura de un autor desde múltiples ángulos que dar una idea clara de sus escritos. Aun así, apremia observar que, en Austria, país tan propenso a buscar logros propios de raíz austriaca, debería estimarse correctamente a uno de los más significativos representantes de un género de literatura que constituye una preciada rareza entre los alemanes, es decir, ponderar su esencia y no los escándalos que se rumorean en torno a los pormenores de su persona”.

Esta edición, en realidad, constituye una antología de sus escritos críticos, sobre todo los retratos. La selección está realizada con tino buscando la eficacia para comprender la labor de un autor desconocido. Por eso creo que habría que resaltar, por un lado, los retratos de los literatos extranjeros, desde el siglo XVIII a André Gide, con especial énfasis en Wilde y Beardsley y los dedicados a sus contemporáneos austriacos… Aquí brilla especialmente…

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