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 Blog

Marcando la vida

Una breve investigación en mi biblioteca me ha proporcionado materia para mi entrada de esta semana de la bitácora de Fórcola. Estos días, al preparar como todos los años la maleta para iniciar las vacaciones estivales, lo primero que cuido con esmero es la selección de libros que me dispongo a leer, sin horarios, sin prisas, sin límites, durante los próximos días. Muchos de ellos quedarán sin abrir, porque, todos los años lo confirmo, mis deseos de lectura superan con creces el tiempo real disponible para la lectura en vacaciones. Y ya no es que uno lleve libros en exceso, sino que las lecturas previstas son muchas veces sustituidas por otras imprevistas, o el tiempo destinado a uno de ellos se dilata, intenso y pausado, en una lectura lánguida y siesteril, en este largo y cálido verano que tanto anhelo. Junto a los libros, y no detalle sin importancia, hay que elegir bien los marcapáginas que guiarán nuestras lecturas.

El marcapáginas acompaña mis lecturas desde que hace años descubrí con horror las tremendas maldiciones y excomuniones que los bibliófilos destinan a todos aquellos que para señalar la página en donde abandonan momentáneamente la lectura doblan la esquina superior externa de la misma. Llevo años acumulando marcapáginas en cajones, estanterías, sobres, carpetas, cajas, y, la mayoría de las veces, descubriéndolos olvidados en libros de lecturas pasadas y también olvidadas, marcando aún, a pesar del tiempo, páginas que en su momento me llamaron la atención, o simplemente recordándome con horror que abandoné la lectura de aquel libro en una página determinada. A veces, con cierta culpabilidad (más tarde con regocijo) retomo aquella lectura que ya no soy capaz de concluir hasta no dejar rastro de aquél abandono.

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Complicidades bibliofrénicas

Joaquín Rodríguez, Jesús Marchamalo, Javier Jiménez, Fórcola

«La biblioteca de un caballero debe consistir, ni uno más ni uno menos, en tres mil ejemplares debidamente elegidos y cuidados.» Samuel Pepys

Toda presentación de un libro tiene un marcado carácter festivo, de encuentro gozoso del autor con sus lectores y del editor con sus amigos y seguidores. Unos y otros, en el caso de Fórcola, y gracias a las redes sociales, se han convertido en verdaderos cómplices. Y si el libro presentado es la segunda edición de Tocar los libros, de Jesús Marchamalo, sobre el que en las últimas semanas se han volcado decenas de sugerentes y entusiastas comentarios de lectores, amigos y libreros, tanto en blogs y bitácoras como en Twitter o en Facebook, la presentación se convierte en una verdadera celebración. Gracias al buen hacer de Margarita Sañudo y a la amable invitación de Ramón Pernas y su equipo, tuvimos ocasión de celebrar este encuentro en la sede de Ámbito Cultural en Madrid, en El Corte Inglés de Serrano 52, en una 7ª planta con unas privilegiadas vistas de Madrid al atardecer. El acto fue recogido gráficamente por el fotógrafo y amigo Antonino Nieto, al que agradezco las fotografías que ilustran esta entrada. La altura no alivió en cambio el mal que nos aquejaba a los participantes en la mesa, y que tan oportunamente diagnosticó nuestro presentador de honor, Joaquín Rodríguez: sin lugar a dudas, tanto Marchamalo como su editor estamos muy mal y sufrimos una bibliofrenia severa.

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Oficio de tinieblas o el por qué de la filosofía

«El monstruo todavía subsiste: todo el que busque la verdad correrá el riesgo de ser perseguido. ¿Hay que permanecer de brazos cruzados en las tinieblas? ¿O hay que encender una antorcha en la que la envidia y la calumnia vuelvan a encender sus hachones? Por lo que a mí respecta, creo que la verdad no debe seguir ocultándose ante estos monstruos, de la misma forma que no debe abstenerse uno de tomar alimentos por temor a ser envenenado.» Los años sesenta del siglo XVIII son testigo de polémicas, desgarramientos y nuevas esperanzas en la cultura francesa, y además de la aparición de los textos del Voltaire más radical. Si en los años treinta Voltaire hubo de huir de París perseguido por la autoridad, acusado de defender la tolerancia religiosa frente al fanatismo dogmático, ya en los años cincuenta, también tuvo que huir de Berlín a pesar de haber gozado de los honores académicos y del favor de Federico II. A partir de 1755 contempló el panorama parisino desde su retiro suizo de Ferney. Allí redactó a finales de 1766 esta obrita, El filósofo ignorante, que con estilo reluciente, aborda nuevamente el combate contra todo fácil optimismo y en particular contra la teodicea de Leibniz, ejemplo de la razón «justificadora de tinieblas», a la que la voz de Voltaire se enfrenta para reclamar la razón «reveladora de luz».

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El guardián de la puerta

Desde hace más de 15 años soy «guardián de la puerta».  Es algo que descubrí  con el tiempo, tras lecturas y relecturas del cuento de Kafka titulado «Ante la ley». Este cuento, como sabrán, tiene mucho de enigma, se inspira en la Cábala y oculta un misterio.

Recordarán, aquellos que lo hayan leído, la frustración de su protagonista cuando, tras varias jornadas que se eternizan en el tiempo, no logra atravesar la puerta que un fornido guardián custodia con mirada amenazante.  Pues bien, durante muchos años busqué en este cuento la solución al sentido de mi vida, pero como todo misterio, no tiene solución; sólo los problemas tienen solución. Vivimos en un mundo que está cargado de problemas, o se los busca, y que pasa la vida intentando solucionarlos. Pero el sentido de nuestras vidas poco tiene que ver con estadísticas y razones, y menos con solucionar problemas. En cambio, el sentido de nuestra vida se juega en unos pocos misterios y enigmas, que cuentos e historias como el de Kafka nos plantean como un reto a descubrir. Les confieso con rubor que durante años leí de forma incorrecta el cuento de Kafka porque, como mal lector, me identificaba con su protagonista. Lector adolescente, me dejé llevar por una primera lectura superficial del mismo, y sufrí los mismos agobios del protagonista, hasta que hice mío el misterio que ocultaba: cambié de punto de vista y concentré mi atención en el guardián.

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Anatomía de la inquietud

«Ahora que asumo mi inclinación tanto por subrayar maniáticamente los libros como por retratar crepúsculos y paisajes durante los paseos que me gusta emprender cuando viajo a otras latitudes, entiendo qué caprichosas son las raíces de las que provenimos.»

Cuando uno frecuenta la escritura errática de Mauricio Montiel, más tarde o más temprano descubre que todo viaje implica una doble decepción: concluye cuando menos lo esperamos y por tanto nos deja con deudas pendientes. El viaje, como la propia escritura, las asume Montiel, incansable paseante, como caras de una misma moneda: la propia vida, la de todo paseante urbanita muy siglo XXI, que vive su pasado como producto del azar, y que se enfrenta, a veces sin esperanza, a su futuro en un mar de incertidumbre.

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Desdoblarse para existir

«No hablo la lengua de las realidades, y entre las cosas de la vida me tambaleo como un enfermo que ha guardado mucha cama y que se levanta por primera vez.»

El libro del desasosiego me lleva acompañando desde hace años, la lectura de Pessoa es siempre, a modo de un ritual, una relectura que, cada vez que programo un viaje, me despierta de la rutina y me hace reflexionar, tomando conciencia, en escorzo, de lo fugaz y provisional de toda aventura personal. De esa melancolía pessoana se hace eco el libro de Carlos Eymar, El funcionario poeta: «ninguna obra como El libro del desasosiego ha sabido extraer tanto jugo de la vida sin brillo del oficinista».

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Vivir con libros

El pasado 3 de junio, en el marco de la 69ª edición de la Feria del Libro de Madrid, en el Pabellón de la Fundación Círculo de Lectores, convocamos a amigos, colegas y lectores al acto que bajo el título genérico «Vivir con libros» pretendía presentar en sociedad la nueva edición del libro de Jesús Marchamalo Tocar los libros y el sello editorial Fórcola Ediciones. En el acto me acompañaron el propio autor, Jesús Marchamalo, periodista y escritor, y Luis Mateo Díez, académico y escritor. Tras varios años participando activamente en la feria del libro, por fin en esta edición he tenido la satisfacción de presentar públicamente la editorial que he fundado, Fórcola Ediciones, como un sello independiente, de oficio, de pasión, que no pretende ser sino la «expresión personal e individual de un editor», según las palabras del editor alemán  Kurt Wolff.

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Fórcola, un nombre para una editorial

forcola

Venecia es desde hace años una de mis pasiones, no sólo viajero-literarias, compartida con escritores que frecuento como Joseph Brodsky, Javier Marías o Mauricio Wiesenthal, sino un verdadero icono de referencia para un editor por su vinculación con Aldo Manucio, uno de los padres de la edición, quien tuvo casa, imprenta y librería en uno de sus barrios. La inspiración veneciana propició el nacimiento de Fórcola Ediciones, y la fórcola es, desde su fundación, su logotipo.

La fórcola es un tipo de horquilla utilizada en la boga veneciana (técnica particular de remo que se desarrolla en el área de la Laguna de Venecia y en sus zonas limítrofes, en la cual un solo remero, con uno o dos remos, puede ser suficiente para hacer avanzar la embarcación). La fórcola, hecha de madera dura y tallada con minuciosidad, se trabaja de forma artesanal, sobre una curvatura natural del árbol, por lo que no hay dos fórcolas iguales. La fórcola que hoy en día conocemos es el fruto de la evolución de la boga veneciana durante siglos. Tiene el aspecto de una escultura, y de hecho muchas personas, venecianas o no, tienen una en su casa imitando su forma.

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Maestro Argüelles

L levo años leyendo al mexicano Juan Domingo Argüelles, polifacético artista de la escritura, del amor a los libros y del fomento de la lectura. Cada visita a la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, en el estado de Jalisco, ha sido oportunidad estos años, no sólo para reencuentros profesionales y personales con colegas y…

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Fórcola 2.0

C on esta primera entrada inauguro el blog de Fórcola Ediciones, una bitácora personal donde compartiré contigo algo más que el catálogo de los libros que publique. En coherencia con las reflexiones que sobre el editor wiki planteamos Manuel Gil y yo en nuestro libro El nuevo paradigma del sector del libro (Trama, 2008), este…

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