De librerías por Barcelona: El placer de la cultura

En mi deambular urbanita por mis librerías preferidas hoy recalo en Barcelona, destino obligado para todo bibliópata que se precie. Es notoria la importancia de la impresión, la edición y el comercio del libro en la ciudad condal, «flor de las bellas ciudades del mundo», por su tradición y su industria, algo que deslumbró ya al sexagenario Cervantes aquel verano de 1610. Como cada vez que recalo en Barcelona, en uno de mis habituales paseos de librería en librería, placer que tiene mucho de viaje iniciático y de ritual (momentos dedicados a ensimismamiento lector, al repaso de estanterías de suelo a techo repletas de nuevas promesas), descubrí y compré un libro editado por Columna, que con el sugerente subtítulo «Una guia per a lectors curiosos», compendia una exhaustiva relación de las Llibreries de Barcelona, escrito por Mercè Bausili y Emili Gasch, con pequeñas descripciones de sus particulares historias fundacionales y una breve descripción de sus especialidades y alguna que otra rareza. Que yo conozca, hay otra guía de similares características publicada en Málaga. ¿Y en Madrid (por barrer para casa)? Inútil insistir.

Librería Laie, de Pau Claris, es una de las que visito a primera hora. Un café reponedor tras el viaje (con algo de bollería recién hecha) en el piso de arriba; veinte minutos después; tras acompasar mi ritmo vital al latido de esta ciudad (mediterráneo y cosmopolita, más sosegado que mis «madriles» cada vez más estresantes), me dispongo a disfrutar, sin límite de tiempo, de sus cuidadas secciones y sus siempre sugerentes propuestas.

Fundada en Barcelona en 1979, Laie es de esas librerías que ha querido formar parte del entramado cultural de su entorno, algo que se ha ido consolidando a lo largo de estos años, según ha ido creciendo y abriendo nuevas sedes, tanto en Barcelona como en Madrid. Sus libreros ejercen una activa militancia por la cultura, tanto es así que hablan de «misión» (término muy orteguiano) para describir su trabajo: «Creemos que el conocimiento y la cultura nos ayudan a progresar como individuos y a vivir de una manera más satisfactoria. Queremos tener una presencia relevante en el mundo de la cultura y gestionar los intereses de todas las personas que se relacionan con Laie basándonos en criterios de eficacia empresarial y de responsabilidad social».

Hace unos días, con ocasión del I Encuentro de Librerías y Editoriales Independientes Iberoamericanas, «Otra mirada», celebrado en Zaragoza, conocí en persona (tras meses de charlas virtuales a través de Facebook), a Damià Gallardo, de Librería Laie. Varias son las charlas y conversaciones sobre el libro y las librerías que hemos mantenido desde entonces. Hoy comparto con vosotros una muestra de aquéllas.

La librería Laie de Pau Claris nació como una pequeña librería/café; hoy Laie aglutina a 10 librerías entre Barcelona y Madrid. ¿Podemos hablar de una “cadena de librerías”?

«La idea de “cadena” sugiere que todas la librerías son iguales, pero precisamente una de las virtudes de Laie es que cada librería se adapta a su entorno y se especializa en temas diferentes. En el caso de Laie CCCB, por ejemplo, no sólo nos adaptamos a la temática del centro que nos acoge (pensamiento crítico, cultura audiovisual, arte, urbanismo, etc.), sino que también tenemos en cuenta al público que frecuenta la zona y por eso contamos con secciones importantes de ilustración y diseño.Otro jemplo sería el de Laie Museu Picasso, donde aspiramos que se encuentren a gusto tanto el turista con prisas como el especialista que quier estar al día en Pablo Picasso y su época. Y nuestro buque insignia, Laie Pau CLaris, mantiene la especialización de librería de humanidades con la literatura, la historia y la filosofía como secciones principales.»

¿Cuál es la clave de diferenciación de Laie? Vuestro lema es muy significativo: “El placer de la cultura”.

«Lo que nos diferencia es el estilo de trabajo: cada Laie es diferente, pero el estilo es el mismo en la atención al cliente. Por eso aspiramos a formar equipos estables de libreros de conozcan el mundo del libro y puedan ofrecer siempre la respuesta más eficaz a las consultas.

»La cultura es un placer sobre todo cuando implica superar un reto. Desentrañar un texto complejo, leer un poema intrincado o comprender la obra de un artista no están reñidos con el placer; al contrario. Nuestra labor diaria (tener determinados títulos siempre disponibles, encontrar un libro raro o elaborar una bibliografía que satisfaga las expectativas del cliente) también puede ser muy gratificante.»

–¿Son necesarios los libreros online? ¿En qué consiste tu trabajo en la Red?

«Creo que cada vez se va a valorar más la actividad de los buenos mediadores porque la cantidad de información que nos rodea es muy difícil de manejar. La librería tradicional ha sido siempre un espacio de mediación, un lugar donde los lectores encuentran un poco de orden entre el caos. Mi trabajo consiste en trasladar este espacio de mediación al ciberespacio, con las herramientas que son propias de este medio: desde las sugerencias temáticas y bibliográficas de la web a la actividad de Laie en Facebook y Twitter, por ejemplo. Estoy seguro de que los libreros online continuarán siendo necesarios.»

Recomiéndame uno o varios libros, y dime porqué.

«La tienda de animalhombres del señor Larsen, de Daniel Monedero y Aitana Carrasco, porque cuando lo descubrí no paré hasta poderlo ofrecer a nuestros clientes. Es un ejemplo de lo que más me gusta de este oficio: encontrar esa perla rara que puede pasar desapercibida pero que merece encontrar a sus lectores.

»Art of McSweeney’s es un libro que recoge la trayectoria de la revista fundada por Dave Eggers, un ejemplo excepcional de imaginación y profesionalidad. Un rápido vistazo es suficiente para percibir las muchas maneras que todavía quedan por explorar para que el libro gane valor también como objeto gracias a los avances tecnológicos.

»La trampa, de Emmanuel Bove, porque es una de las lecturas recientesque más me ha impresionado. Había leído hace algunos años Mis amigos y La trampa ha confirma la sutilidad de su autor a la hora de recrear la estupidez, en este caso a través de un enredo kafkiano en la Francia sometida al III Reich, sin renunciar ni a la ternura ni al humor.

»L’últim dia abans de demà / El último día antes de mañana, una novela en la que Eduard Márquez nos enfrenta al dolor de la pérdida, un dolor que se expresa con una prosa sencilla, intensa y precisa través de una historia fragmentada. Extraordinaria.»

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