Esta mañana me he despertado con México en el corazón. La muerte de Carlos Fuentes ha disparado mi imaginación y mi memoria, despertando toda la inteligencia emocional que me vincula con la cultura mexicana, desde hace años. Se precipitan mis recuerdos. Leí pronto a Carlos Fuentes: Terra nostra, en un ejemplar que me regaló hace muchos años un joven ecuatoriano que conocí de forma casual en Madrid, y que resultó ser el escritor Leonardo Valencia Assogna. Gracias a él también descubrí el ensayo Los hijos del limo, de Octavio Paz, que me deslumbró.
Pero necesito algún testigo documental, más allá de la memoria sentimental, para datar mi relación personal, más acá de libros y lecturas, con México. Esta vez el apoyo me lo brinda mi pasaporte (siempre en mi escritorio, donde trabajo, como advertencia de que todo editor es un viajero, y ha de estar preparado siempre para emprender un nuevo periplo: viaje, libro o lectura).
Mi primer viaje a México, confirmo en la página 15 del pasaporte, fue el 25 de noviembre de 2001. Mi destino era la Feria del Libro de Guadalajara, en el estado de Jalisco, el mismo donde nació Juan Rulfo. (más…)
















