Mis libreros favoritos, 2: El dragón lector
Entrar en la librería El Dragón lector (antes en la calle Espronceda, ahora en la calle Sagundo, y con una sucursal en Fernandez de la Hoz) se asemeja a internarse en un armario lleno de pesados abrigos, «acompañados de un olor a naftalina», para descubrir más allá, de pronto y con sorpresa, un mundo que creíamos perdido y olvidado, lleno de historias y aventuras, impregnado de magia e ilusión, donde el trato con los libros campa por sus respetos, sin más atadura que el disfrute. La librería adquiere la condición de territorio fuera del tiempo donde Pilar y José señorean bajo una única ley, especie de Carta Magna de este reino de libros: la de la alegría del compartir y hacerse cómplices de las palabras.
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