Leer, editar la vida
Hablamos mucho del futuro del «libro», pero olvidamos que nosotros, los que trabajamos en este sector, hemos dotado al concepto «libro» de un campo semántico, de un meta-significado, que dice mucho de la industria y del canal comercial, pero olvida, como siempre, al interesado final. Seguimos aplicando a nuestros razonamientos la lógica del «producto», sin tener en cuenta la lógica del mal llamado «cliente» o «usuario». Olvidamos que éste es, antes que nada, persona concreta, y que en su transitar diario, su actitud ante el libro no es la de «comprador de libros», sino la de «lector». Esto, si me permiten, supone un importante giro copernicano de la cuestión.
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