Tras su apasionante incursión en la biblioteca de Julio Cortázar, estas nuevas bibliotecas de escritores nos recuerdan que el amor a los libros está no sólo en leerlos, sino en coleccionarlos, ordenarlos, desordenarlos, hacerles parte de nuestras vidas, habitantes privilegiados de nuestras casas, de nuestros rincones preferidos, porque «hay libros indispensables que nos obligan a poseerlos, a conservarlos para hojearlos de vez en cuando, tocarlos, apretarlos bajo el brazo. Libros de los que es imposible desprenderse porque contienen fragmentos del mapa del tesoro».